martes, 26 de febrero de 2013

Conceptos: ¿Qué es la Fantasía? (IV)

TEMAS: 1-. Cuando la Fantasía degrada a lo “fantasioso” 2-. Peligros de la “mala” Fantasía: escapismo, alegoría, moralidad, decorado 3-. La importancia de la sinceridad en la Fantasía



TEMAS:
fantasía mal hecha
1-. Cuando la Fantasía degrada a lo “fantasioso”                  
2-. Peligros de la “mala” Fantasía: escapismo, alegoría, moralidad, decorado
3-. La importancia de la sinceridad en la Fantasía
     
Así como iniciamos esta serie de entradas recurriendo al diccionario de la RAE, ahora la cerraremos abriendo este último artículo con la definición de “fantasioso”, adjetivo que hemos usado para designar la degradación de “fantástico” y que nos permitirá enlazarlo a la interpretación negativa que nos quedaba por analizar.


“Fantasioso”
(De fantasía, presunción).

1. Que se deja llevar por una imaginación carente de fundamento.
2. Vano, presuntuoso.

Lo primero a destacar es que originalmente este adjetivo sí se vincula con la definición sexta para “Fantasía” que vimos en la primera entrada de esta serie, la que es un sinónimo de presunción. El solo hecho de que se emplee un adjetivo distinto para ésta que para las otras dos acepciones ya apunta a que se trata de una concepción totalmente distinta a ellas.

Lo fantasioso, según lo anterior, vendría a ser algo que es en el fondo vacío y que paradójicamente se presenta ostentando un valor que no posee. Más importante aún parece ser lo que se señala en la primera definición de la RAE: que el componente creativo de la imaginación (lo más puro de la Fantasía) se desarrolla de una manera errática y sin sentido.

Esto quiere decir que lo fantasioso no puede entenderse sino como una degradación de la Fantasía en cualesquiera de sus manifestaciones, y no como una categoría de ella. Es lo que sucede cuando a la Fantasía no se le hace justicia en cuanto a las características de sus acepciones; en este caso concreto, cuando la estética literaria fantástica no logra alcanzar un nivel aceptable que cree un mundo o un hecho sobrenatural consistente.

¿Cómo se podría llegar a lo fantasioso en una obra de Fantasía concebida originalmente en su modalidad más pura? Por muchas vías, naturalmente, pero identificaremos a continuación por lo menos cuatro que resultan frecuentes en el género.

a) Escapismo

Decía Tolkien que el anhelo por viajar y conocer otros mundos es algo intrínseco de la naturaleza humana, además de ser algo positivo en la medida en que nos extrae de nuestra cotidianidad y nos acerca a lo más trascendente de la existencia. Sin embargo, un punto importante que se suele olvidar respecto a este deseo de evasión es que no es eterno. Por el contrario, esta evasión no es en sí una fuga cobarde, sino un abandono de los grilletes con que lo cotidiano ha limitado nuestra percepción de la realidad. La evasión de la Fantasía implica regresar a esta realidad con una perspectiva distinta de las cosas ya conocidas, procurando verlas como si no se las conociera antes para así experimentarlas en toda su maravilla y amplitud.

Lo fantasioso se queda justamente encandilado en la etapa de partida, para no volver nunca más. Una de las funciones del arte es volcarnos hacia la humanidad con la ilusión de transformarla, de modo que si se asume lo contrario, la Fantasía perdería parte de su calidad artística y se convertiría sólo en pasatiempo.

b) Alegoría

Sin embargo, el extremo opuesto al escapismo anterior también es peligroso: desear tanto darle sentido a la Fantasía que se termine perdiendo su naturaleza de tal. En esos casos caeríamos en la alegoría, en la que la Fantasía cobra valor no por lo que es en sí misma, sino por lo que intenta apuntar metafóricamente. Así, aquélla se transforma en un medio y no en un fin, de manera que podría ser perfectamente reemplazada por un elemento estético distinto que cumpla esa misma función de señalización.

Por ejemplo, un dragón alegórico podría representar los temores internos del protagonista, plasmados externamente en la historia, por lo que al leerlo no veríamos ya una criatura portentosa. Para el caso, lo mismo daría que fuese un dragón o un muro o un oficinista furioso, porque lo importante será cómo se refleja el sentir del personaje principal. En cambio, un dragón construido según la Fantasía siempre será un dragón, una criatura maravillosa que, aunque le despierte temor al protagonista, lo hará por su propia identidad de tal, no por una proyección de este sentir.

Aunque la alegoría es un recurso frecuente que en ocasiones tiene buenos resultados estéticos, ni en lo fantástico (ver segunda entrada de esta serie) ni en la Fantasía es el más idóneo para otorgarle sentido a la obra. Al contrario, si buscamos “algo más” en una historia fantástica, eso da a entender que la Fantasía no se basta a sí misma para producirnos esas sensaciones y que debe recurrir a otro tipo de recursos que contradicen su esencia para volverse significativa.

c) Moralidad

Este es un problema muy habitual en la LIJ (literatura infantil y juvenil) que presenta elementos fantásticos. Debido a la asociación de la Fantasía como algo perjudicial para la mente infantil por la supuesta incapacidad de establecer límites claros entre lo que es real y lo que no, muchas veces se ha tendido a darle una visión edificante a algunas obras. Ya sea promoviendo valores positivos o creencias religiosas, estos aspectos suelen aparecer de manera muy forzada en estos trabajos, vinculando la Fantasía a factores ideológicos que no le son propios y convirtiéndola casi en un medio tipo panfleto.

Si bien es cierto que los mayores cultores de la Fantasía aparecían de alguna u otra manera convencidos del poder catártico y redentor de este género (Tolkien y Lewis, sobre todo), sus respectivas obras lograron tener valor más allá de cierto tipo de lecturas morales o religiosas. Por contraparte, autores como Michael Moorcock o Phillip Pullman presentan una visión completamente distinta de la Fantasía, mucho más oscura, llegando incluso —en el caso de éste último— a tener propuestas abiertamente antireligiosas. Eso demuestra que la Fantasía, más allá aun de la moralina, no tiene por qué centrarse sólo en una postura esperanzadora.

d) Decorado

Desde la llegada de los medios audiovisuales y su potencial para representar vivamente lo que antes sólo podía cobrar forma en la imaginación, la Fantasía ha sufrido el peligro del decorado con más intensidad que antes. Esto se refiere a que todo aquello que hace que la Fantasía un mundo distinto al nuestro ha perdido su naturaleza esencial para convertirse en un elemento superficial, casi de ornamento. La narración puede mencionarnos la existencia de dragones, de magia o de alquimistas de saber arcano, pero ¿basta que simplemente nos los nombren? Puesto que no somos magos para invocar la Fantasía con sólo una palabra, como concluimos en la tercera parte de esa serie de entradas, se necesita hilar un buen conjuro para hacer que el lector caiga en nuestro hechizo. Un dragón no puede comportarse como un caballo o un perro; la magia no pueden ser unas chispitas devastadoras porque sí; el alquimista no puede comportarse ni hablar como un oficinista cualquiera.



¿Cómo podrían solucionarse estos cuatro problemas una vez detectados en nuestros textos? Haciendo a un lado las respuestas lógicas (leer más obras del género y progresar poco a poco en la escritura), creo que sería bueno permitirnos adentrarnos en la Fantasía con sinceridad y entrega. Esto puede sonar muy new age, pero corresponde a lo que yo considero uno de los principios del arte: crear valorando a la creación por lo que es. No escribamos Fantasía porque esté de moda o sea más «bonita y fácil y entretenida», ni la usemos para hablar de otras cosas que nos interesen más, sean valores morales o fama (¿alguien dijo «Tolkien chileno»?). La Fantasía es peligrosa y compleja, entre otras cosas, porque suele suponer la creación de un universo entero y porque para narrar sus historias, debido a su naturaleza atávica, terminaremos escarbando en nuestro propio espíritu.

Piensa que, si no eres sincero con la literatura más realista, como lectores siempre nos quedará este mundo para vivirlo y conocerlo plenamente. Si no eres sincero con tu obra de Fantasía, un universo al que sólo podríamos llegar leyéndolo se perderá para siempre. Y eso es tan terrible como confundir lo fantasioso con la Fantasía.


Continúa por acá:
• ¿Qué es la Fantasía? I : Algunas definiciones preliminares de Fantasía.

• ¿Qué es la Fantasía? II : Lo fantástico y el real maravilloso en Latinoamérica.

• ¿Qué es la Fantasía? III : La Fantasía.


4 comentarios :

  1. ¡Genial entrada, Paula (como siempre :P)!

    Quizás lo que más me gusto de ésta fue tu acercamiento a los problemas de la Fantasía a partir de ese enemigo acérrimo que es lo "fantasioso"; de hecho, creo que empezaré a ocupar ese adjetivo para referirme a cierto tipo de obras que no dan el ancho.

    Saludos cordiales,

    F.

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    1. Gracias, Felipe. El adjetivo se me ocurrió cuando expuse una ponencia de Literatura Infantil centrándome en la Fantasía, como un paralelo entre pueril/infantil y fantasioso/Fantasía. Al final, el primero será siempre una degradación o desvalorización del segundo, el real, pero quería explicar concretamente por qué me parecía así.

      Saludos :)

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  2. Me gusta tus contenidos! sigue así, tienes a un nuevo seguidor de tu blog, te estaré comentando y compartiendo en google, te deseo mucha suerte y ánimos. Yo te invito a visitar mi página, estoy escribiendo una novela de fantasía épica, espero que te guste. http://universeworldfarasia.blogspot.com.es/

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    1. Muchas gracias por el apoyo, Jonás :D Pasaré por tu blog un día de estos (ando bastante ocupada en mi trabajo y preparando la próxima entrada de Tierra de Fay ;) )

      ¡Saludos y te espero en las otras entradas! :)

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