domingo, 21 de mayo de 2017

Rhapsody o la eternidad de un cuento legendario


Portada de un disco recopilatorio.
Uno de los finales más bellos que he leído en una historia es el del cuento "El patito feo", de Hans Christian Andersen, en el cual el protagonista, convertido en cisne, exclama: "Jamás soñé que podría haber tanta felicidad, allá en los tiempos en que era solo un patito feo". Muchos han realizado una lectura de esta transformación y sus consecuencias en un sentido literal: una persona físicamente fea que con el tiempo se vuelva hermosa. Sin embargo, para mí esto siempre ha estado más relacionado con un crecimiento de índole artística y/o espiritual, en la que un individuo marginado por la sociedad debe salir en busca de su destino en el hostil mundo exterior, hasta que las penurias del viaje logran depurar en él aquello que siempre fue y hacerle recibir la validación de sus verdaderos pares, los únicos que importan.

En un aspecto mucho más íntimo y acotado, en todo caso, he ido recordando este final en numerosas experiencias de mi vida adulta, a propósito de lo imposible que llegué a considerarlas alguna vez cuando sólo era una muchacha. La oportunidad más reciente en que sentí esto fue a propósito de mi asistencia al concierto de celebración de los 20 años de Rhapsody, que a su vez se presentó como una despedida en la que participarían algunos de los principales miembros históricos de la banda y en la que se interpretaría de manera íntegra su disco más importante, Symphony of Enchanted Lands (1998).

Rhapsody es una de las bandas más reconocidas de aquella expresión del power metal centrada en un imaginario medieval fantástico, con insertos y composiciones inspirados en la música clásica. Quizá sea conveniente mencionar también que, tras la digresión de sus integrantes fundadores, "Rhapsody" como tal dejó de existir. Así, la banda en la que toca el tecladista se llama "Rhapsody of Fire", mientras que aquella en la que toca el guitarrista se llama "Luca Turilli's Rhapsody". Me atrevería a decir que ninguna de estas encarnaciones ha logrado superar el material del Rhapsody original, sobre todo en sus dos primeros discos. De ahí que este concierto se haya presentado como despedida: sería la última vez en la que miembros de estos trabajos pasados, a excepción del tecladista Alex Staropoli, estarían juntos tocando canciones de su época más decisiva; tras esto, volverían a sus nuevos proyectos, que parecen estar cada vez más alejados del medioevo, la épica y la Fantasía.

Descubrir a Rhapsody ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida. Recuerdo exactamente el momento en que sucedió. Yo tenía 15 años y estaba en una clase de música. Un compañero pidió entonces que pusieran en la radio de la sala un disco, que él describió como "rock medieval" (sic). Fue ahí cuando oí por primera vez las cuerdas sintetizadas de "Epicus Furor", preámbulo de la primera canción propiamente tal: "Emerald Sword". No la escuchamos entera, pero por ese escaso minuto que debió haber durado la reproducción, me sentí fascinada. Sabía que algo había cambiado para siempre y que debía hacer lo imposible por conseguir que ese disco fuese mío.

Una de las razones por las que este álbum me impactó tanto fue por la pobreza musical en la que me movía hasta entonces, en donde sólo destacaban las bandas sonoras de videojuegos. Me había criado en una casa en donde sólo sonaba la música cebolla latinoamericana de las frecuencias AM (a la que sólo llegaría valorar, en parte y de manera muy dosificada, muchos años después), y mis propias búsquedas musicales solían quedar entrampadas en mi limitado acceso a radios o canales tipo MTV. A diferencia de muchas otras personas con un trasfondo similar al mío, no tenía amigos con los que hubiera podido compartir discos, casettes o pistas MP3, ni tampoco un plan de Internet en casa que me hubiera permitido ampliar mis exploraciones. En cierto sentido, creo que Rhapsody resultó ser mi primera aproximación real al metal, cuya sonoridad siempre me había atraído pero que sentía muy lejana aún a mi mundo. 

No recuerdo ya cómo me las arreglé para conseguirme una copia pirata del disco, pero sí que desde ese día se convirtió en mi álbum de cabecera. Debe ser, sin duda, el disco que más llegué a escuchar en la vida. Todas las canciones me parecían maravillosas, perfectas. No entendía bien sus letras, en parte por mis conocimientos aún rudimentarios de inglés y en parte por el pobre acento del vocalista, pero me bastaba con reconocer algunas palabras importantes: dragón, espada, magia. Jamás había oído canciones en las que se hablara de lo que yo amaba. Descubrir que existían personas que compartían estas visiones y que celebraban este llamado desde sus propias creaciones, aunque pertenecieran a un entorno muy distinto y lejano al mío, me hizo sentir extraordinariamente contenta. ¡No era la única, no estaba loca! Allí, en esos versos que Fabio Lione cantaba con su apasionada voz de tenor, había una lengua en común que resonaba conmigo de una manera parecida a como lo habían hecho las bellas oraciones que Tolkien había escrito en El Señor de los Anillos y que ya había comenzado a leer.

Por supuesto, luego de Rhapsody vinieron otras bandas afines, que también cobraron gran importancia en mi vida, principalmente Nightwish, Sonata Arctica y Within Temptation. Pero fue Rhapsody la que comenzó todo; ninguna ha podido rozar siquiera la experiencia de esas primeras escuchas emocionadas, de sentir cómo un mundo entero se abría en tu interior.

La banda llegó también a mí en una etapa inmejorable: cuando mis historias comenzaron a cobrar forma. De hecho, aun hoy no sabría cómo expresar bien lo que me significó esbozar escenas, personajes y episodios de mi mayor proyecto con Symphony of Enchanted Lands de fondo, explotando en mis oídos.

Eran días mucho más nítidos que estos, días tristes llenos de episodios horribles y solitarios. Pero también eran días en los que la maravilla de los descubrimientos estaba ahí, en cada recodo, lista para rescatarme de la desesperación, acaso porque nunca la había necesitado tanto.

No sabía entonces de Sociedades Tolkien, de partidas de juegos de rol, de foros temáticos, de pre ñoñerías. No sabía de ninguna de esas cosillas que ahora tantos claman como indispensables en su formación como escritores de Fantasía, ni menos podría saber lo vanas que habrían de resultar al final de todo. Entonces estaba sola, pero sola con mi música, mis videojuegos y mis historias. Sola con la experiencia íntima e intransferible que estas obras despertaban en mí. Mucho tiempo pasaría antes de comprender que me seguiría sintiendo incómoda con otros, incluso cuando compartiéramos afinidades e intereses, porque no sería el mismo amor ni el mismo anhelo de lo perdido lo que nos uniría a aquellas cosas. Y aún más tiempo, ay, pasaría antes de descubrir que varias de estas personas no eran tan distintas de aquellas otras, las más mundanas, banales e intelectualmente limitadas, y que bastaría con que la Fantasía se pusiera de moda para que emergieran todas las ranciedades del otro lado: afán de éxito popularidad, aproximaciones superficiales, ausencia de compromiso vital, y tantas otras.

Pero entonces, en esos días solitarios, en los que me sabía sola y creía ser casi la única que amaba lo que amaba, todo ardía, y el calor y luz que se desprendían eran lo único que necesitaba para escribir, para sobrevivir.

Nunca hubo una espada de esmeralda en mis narraciones, ni guerreros musculosos que estuviesen marcados como elegidos, pero el espíritu ingenuo con el que se contaban esas aventuras en las canciones de Rhapsody me inspiró mucho para darle forma a mis propios personajes y sus propias búsquedas. Nunca rechacé entonces obras de Fantasía porque no tuvieran mejores modelos femeninos, y las canciones de Rhapsody, con sus alusiones a princesas indefensas y reinas demoniacas, no fueron la excepción. En esos días estaba demasiado ocupada intentando sobrevivir a la violencia que me sitiaba como para cuestionarme mi propio sentido de feminidad. Necesitaba ser un ser humano antes que una mujer. Necesitaba esperanza y belleza, y lo mismo me daba que me la trajera un hombre, otra mujer o un unicornio (los años me enseñaron que, si la traen los tres, siempre se debe preferir al unicornio). Curiosamente, mis primeros esbozos del gran proyecto incluían una misma cantidad de protagonistas masculinos y femeninos, y no como una respuesta a la ausencia de esta paridad, sino como una proyección natural de mis inquietudes personales, que no tenían por qué corresponderse con la de otros creadores. Ellos me entregaban otras cosas. Yo era la princesa asesinada, la reina oscura, el guerrero de hielo, el cronista Aresius, el ambiguo Dargor. Todos tenían algo que contarme sobre mi propia identidad en construcción, incluso el dragón Tharos sobre todo el dragón Tharos: "Happy to have found the freedom at least in death".

Rhapsody representa también una etapa en la que la vertiente más épica de la Fantasía no estaba contaminada por la brutalidad que hoy se ha transformado en tendencia. No había cinismos, ni "personajes grises", ni obsesiones por la fornicación heterosexual o el poder político. Había un mal primigenio que estaba destrozando el mundo en el que el héroe había crecido. Lo anterior no impedía que se apreciaran sutiles matices que volvían ligeramente más compleja la quest. Había en el guerrero de hielo indicios de caídas en la rabia, la ira y la inmisericordia, pero éstas siempre parecían brotar en un contexto de quiebre ante el dolor. Se trataba de una respuesta desesperada, no de una entrega pasiva a la resignación cínica. Estaba presente el recuerdo de una era hermosa y pacífica, expresada en una exaltación constante de la naturaleza y la voluntad de hacer algo para retornar a ella. Incluso la gloria misma de la batalla y la sed por combatir tenían los resplandores dignificados del heroísmo nórdico.

Pero claro, el tiempo no pasa en vano. Acumulamos lecturas, pensamientos, cuestionamientos. Años. Perdemos la ingenuidad, algunos sueños, algunas esperanzas. El paraíso de la infancia, ese bosque encantado lleno de peligros y tristezas, pero aun más dulce y acogedor que cualquier asentamiento lleno de humanos cobardes, se repliega en nuestro interior.

¿Qué podría decir de Rhapsody ahora? Sus letras son una completa ridiculez, tan cursis como agramaticales. La historia de sus discos está muy mal contada; resulta un embrollo y un festival de clichés que yo misma despreciaría más adelante en la Fantasía épica. ¿Y su música? Aunque se trate de un hito en el power metal, no puede negarse que su calidad y trascendencia fue decayendo con los años. El surgimiento del atroz concepto de Film Score Metal fue relegando poco a poco la vivacidad de los solos y los insertos clásicos de inspiración barroca, para ser reemplazados por orquestaciones genéricas en la línea de las bombásticas composiciones de las grandes producciones hollywoodenses.

Podría decir todas esas cosas de Rhapsody, y sé bien que son ciertas. Es el lastre de la maldita adultez. Pero sé igualmente que eso no tiene ninguna importancia, no al menos ante el verdadero valor de la banda y sus canciones en mí. Y ese el triunfo de la juventud.

Son días extraños estos. Mi fidelidad a las cosas que amo me ha deparado crueles desilusiones, algunas de las cuales han venido, por desgracia, de muchas de mis bandas de cabecera.

Tuomas Holopainnen, compositor de Nightwish, dio inicio al primer disco de la banda, Angels Fall First, con "Elvenpath". En esta pista, se incluía un extracto del prólogo de la adaptación animada de El Señor de los Anillos (1978), dirigida por Ralph Bakshi. En Wishmaster, tercer disco y uno de los más celebrados de su producción, cerraba con "Fantasmic", magnífica oda a las obras de Walt Disney como portento imaginador, que a la vez puede leerse como un canto de amor absoluto a la Fantasía. Basta leer estos versos, casi un himno:

The realm of the king of fantasy
The master of the tale-like lore
The way to kingdom I adore
Where the warrior's heart is pure
Where the stories will come true.

¿Y en qué está Holopainnen ahora? Bueno, por un lado compuso un extraordinario disco conceptual inspirado en la aún más extraordinaria novela gráfica Life and Times of Scrooge McDuck, una de mis lecturas literarias favoritas de todos los tiempos (lo que, considerando cuán aburridos me parecen en general el cómic y sus derivados, es algo bastante atípico).

Por otro lado, lo que Tuomas ha hecho con Nightwish no ha sido, precisamente, extra-ordinario, en el sentido más imaginativo. Para su más reciente disco, Endless Forms Most Beautiful, tuvo la brillante idea de invitar al infame Richard Dawkins, que odia los cuentos de hadas porque es incapaz de entender cómo funcionan las historias en la raza humana, a hablar algunas líneas. Otras joyitas del disco incluyen la canción "Sagan", en la que se canta, literalmente, "Listening to Sagan, dreaming Carl Sagan"... Y, al mismo tiempo, toda esta mescolanza convive con "Edema Ruh" un tema inspirado en las Crónicas del asesino de reyes de Patrick Rothfuss, suerte de cabeza de ratón de la Fantasía gringa contemporánea.

¿Qué clase de inconsecuencia creadora es ésa? Han pasado muchos años, sí, pero ¿cómo puedes traicionar tu imaginario de esa forma? Me he encontrado haciéndome esa misma pregunta al ver cómo, poco a poco, algunas bandas de mi plena simpatía han mudado de un imaginario de Fantasía a otro de ciencia ficción, o derechamente de ciencia, como quien se deshace de una prenda vieja que le queda chica, cuando no han pasado a mezclarlas sin ninguna coherencia conceptual. ¿Por qué? No puedo entenderlo. De hecho, siempre me ha sorprendido que muchos autores y lectores compartan amores por la Fantasía y la ciencia ficción, y admiro a aquellos que puedan hacerlas entrar en complejos diálogos en sus trabajos. Porque, por muy hermanas que sean, son bastante distintas. Yo me siento incapaz de amar la segunda; si he logrado acercarme poco a poco a ella, ha sido ante todo porque algunos escritores que adoro han escrito también desde ella.

Por supuesto, me parece muy bien que los creadores exploren otros territorios en sus obras. Pero la forma en la que he visto este proceso en algunos, sobre todo en estas bandas, me desconcierta. No parece ser un anhelo natural de cambio, sino una urgencia impuesta de "madurar", de ir a tono con el escepticismo y las tendencias racionalistas de nuestros tiempos, que han debido alzarse ante la inexplicable fuerza que han cobrado fenómenos como la posverdad. La pregunta es por qué debiéramos todos sumarnos a ese carro desde frentes ajenos. Nada parece más subversivo y necesario que seguir defendiendo la importancia de la imaginación, que vuelve a ser la gran despreciada por todo tipo de público, desde científicos hasta impulsores de los estudios culturales, pasando por ministerios educativos.

Aquellas bandas, en la fuerza vital de sus primeros discos, parecían amar sinceramente la Fantasía. Vuelvo a preguntarme qué pasó ahí, por qué se abandonó ese sendero con tanto rechazo, pero no tengo respuesta. La situación me recuerda a esa gente que dice, en un tono que fluctúa entre lo melifluo y lo condescendiente, tener buenos recuerdos de sus lecturas de Tolkien y Lewis, pero que no podía volver a ellos. Me pregunto qué es lo que se ha tenido que perder para que un lector supuestamente competente no pueda seguir encontrando nuevos tesoros en dos producciones literarias tan ricas como la de estos ingleses. Y me lo pregunto porque esta gente nunca profundiza mucho más allá, como si su solo tono impostado fuese respuesta suficiente, como si la norma fuese ese rechazo como rito de madurez. Pues bien: no lo es. Y si lo fuese, qué cosa más triste, repugnante y vergonzosa. Más valdría renunciar a la vida misma, ¿no?

Debo aclarar de que no es que hubiera deseado la repetición constante de las mismas composiciones y los mismos tópicos una y otra vez, claro, pero sí haber podido apreciar este proceso de cambio como algo más orgánico. Soy una persona bastante conservadora en mis afinidades, pero creo poder valorar transformaciones que surgen como genuina respuesta a un anhelo estético de corte experimental o arriesgado. Tristemente, no he podido apreciar esto en muchos de estos casos.

Rhapsody fue una banda que mantuvo, más o menos, esa coherencia de imaginario hasta el final. Los resultados no fueron óptimos, pero reconozco que me sentía aliviada de que al menos ellos intentaran innovar desde las fronteras del reino donde habían crecido. Eso me traía esperanza a mi propio proceso creador, en el que también buscaba tensar ciertas concepciones sin caer en las miserias del grimdark o de este patético historicismo barnizado de elementos fantásticos. Yo tampoco di con resultados óptimos, y opté por apartarme de la Fantasía épica porque sentí que ya no encontraba casi nada que amar en ella. En cierto modo, fue colonizada por aquellos intrusos que, como bárbaros o cristianos, impusieron sus creencias y costumbres hasta pudrir la tierra que honrábamos.

Escapé por ello al país del Kunstmärchen, bosque umbrío y añorada patria de mi infancia, que me descubrió por primera vez la senda a la tristeza de Faërie a través de historias como la del propio Patito Feo de Andersen o "El ruiseñor y la rosa" de Wilde, y que ahora me la redescubre en los trabajos de George MacDonald o Ana María Matute, entre otros ilustres viajeros. No hay nada que desee más en este período actual como autora que seguir adentrándome en su maraña boscosa, pero la espada con la que me abro paso entre la fronda me recuerda que no siempre fui una niña perdida, irrelevante e indefensa. ¿Quién fui antes? Observo la espada verde que porto conmigo y entonces recuerdo...

El recuerdo vino de sopetón junto con descubrir el aviso de que Rhapsody vendría a Chile. La banda había tocado aquí antes, y en más de una oportunidad, pero en todas esas veces yo era muy joven, muy solitaria y muy pobre, por lo que no tenía ninguna posibilidad de viajar a la capital para verlos. Todo eso había cambiado en el tiempo. Ya no era tan joven, ni tan pobre. Ahora, además, vivía en Santiago, con alguien a quien amaba y que amaba también Rhapsody. La posibilidad de verlos por primera y última vez en vivo, tocando de principio a fin el disco que había cambiado mi vida, estaba al fin a mi alcance. No iba a permitirme perder esta experiencia.

Entonces recordé: yo llegué a este bosque con una espada de esmeralda. Antes que cualquier otra espada legendaria de las historias que amaba, fue esa extraña arma mágica sin personalidad y con un componente altamente simbólico que jamás fue bien desarrollado la que se quedó conmigo. Y en mi contemplación de mis memorias llegué a una conclusión tan sencilla que me avergonzó mucho, por mostrarme una vez más la hondura de mi propia estupidez: el problema, como siempre, nunca es de la propia Fantasía, sino de los que se adueñan de ella para retorcerla según sus intenciones de fama o de cuestionamiento banal. La Fantasía épica no era una forma intrínsecamente deficiente; sus más vociferadores creadores recientes la habían arruinado ante mi percepción, sólo eso.

Entonces por fin comprendí que aún podía recuperar la visión prístina de mis años juveniles, del mismo modo en que he estado intentando recuperarme a mí misma. En realidad, me es tan imposible pensar en una versión adolescente de mí en la que no exista esa fe incondicional en lo épico como lo es omitir la importancia de la música de Rhapsody: todo se reducía a eso.

Es increíble cómo ahora, que he leído tantos bellos poemas y que he descubierto tantas obras literarias hermosas, aún puedo estremecerme al oír versos tan estúpidos como los del coro de "Emerald Sword". Sólo que no son estúpidos realmente. Son una exhortación a esta nueva búsqueda, que en el fondo ha sido la que ha enmarcado toda nuestra vida:

For the king,
for the lands,
for the mountains:
for the green valleys where dragons fly.
For the glory,
the power to win the darklord,
I will search for the Emerald Sword.

¿Cuántos nos habremos emocionados al cantar estas líneas, acompañando a Fabio? Muchísimos, supongo. Creo que, salvando matices, las emociones de medio Teatro Caupolicán debían ser bastante similares en esos momentos. Pero, al margen de la cálida interpretación de canciones insignes de la banda y de la extraña transfiguración que pareció ocurrir en Luca y en Fabio, que a mis ojos se vieron imposiblemente jóvenes y enérgicos, tal y como los vi la primera vez que conocí sus rostros en las pomposas fotografías oficiales, hubo un momento específico en el que no muchos parecieron reparar.

El concierto estaba terminando y los integrantes ya comenzaban a hacer sus últimos saludos de cara al público y a las fotos de rigor. El público aplaudía y gritaba como cabría de esperarse, pero... Pero justo en esos instantes se reprodujo un fragmento de una pista inesperada: el cierre de "Gargoyles, Angels Of Darkness", la última canción de Power of the Dragon Flame, disco que culmina el primer y principal ciclo de la historia de Fantasía contada por la banda. Así versa parte la letra:

And this is then the epic end
of the legendary tale,
of the one who found the light,
and the dragonflame inside,
of the tragic rain of a thousand flames,
of the town's defenders who faced pain,
of symphonies of enchanted lands,
of whispers of love and hate.

En realidad, fue un estupendo cierre simbólico para el concierto, si bien me sentí muy triste al oírlo. Rhapsody ya no volverá a existir de esa forma. El legendario cuento que acaba es el que ellos contaron con su música, la cual discurrirá por otros cauces y otros imaginarios de ahora en adelante. Me imagino que quizá vengan entonces las canciones de ciencia ficción, de ciencia y de otras cosas aburridas. Luca ya está dando algunos pasos, entre los que se cuenta la extrañísima "Prometheus", que es una suerte de popurrí de conceptos estoréricos y simbólicos bajo el barniz de una contenida composición. A Staropoli, en tanto, le bajó la locura de regrabar temas clásicos de la vieja Rhapsody bajo el correcto Giacomo Voli, su nuevo cantante, salido de uno de esos programas en los que la gente con bonitas voces canta y se hace famosa y gana dinero.

Por una vez, sin embargo, ya no me importan tanto estas miserias. Obtuve una gracia muy valiosa en ese concierto: las palabras de la Paula adolescente susurrándome al oído, contándome que mi propio cuento continúa, que el ciclo heroico es eterno por estar destinado a reiniciarse toda vez que parezca culminar para siempre y que hay una dimensión pura y noble de la épica que no debiera permitirme rechazar. Que no importa cuán dispuesta esté la gente a burlarse de los que luchamos por aquello que amamos, porque al menos aún podemos amar algo, y porque todos aquellos escritores que nos ayudaron a sobrevivir en las horas más oscuras lucharon también por ello, al igual que los héroes que crearon, porque entendían que era importante. Porque la imaginación ha sido siempre humillada por cobardes, y porque quizá sea de lo único que vale realmente la pena defender en este mundo enfermo, sombra caída de una belleza a la que nunca dejaremos de anhelar.

Estas palabras aún resuenan en mí, y me pregunto si mi salvaje yo adolescente me las habrá expresado porque sintió que mis tristezas y desánimos actuales eran una deshonra para sus sacrificios, o si simplemente quiso recordarme estas cosas porque tuvo piedad de mi fatiga existencial. No puedo saberlo. Es cierto que he crecido y que he cambiado, aunque la esencia de mi búsqueda sigue ahí. Pero quiero creer que ella entiende esto, que ha perdonado mis propias debilidades y cobardías ante la escritura. Y que está ahí, esperando el anhelado hallazgo, para sumarse a la batalla que aún hemos de librar juntas, la niña, la joven y la mujer, espada de esmeralda en mano, como en los viejos tiempos, como siempre.

lunes, 13 de febrero de 2017

Participación en festival Bookafest - Mesa "La mujer en la literatura"

El viernes 17 de febrero, en el marco del evento Bookafest, organizado por la librería Biblionet@ y la Biblioteca de Santiago, participaré en la mesa “La mujer en la literatura”. 

Bookafest, nombre definitivo del evento que inicialmente se llamó Bookapalooza, pretende replicar algunas características de los festivales masivos en el contexto lúdico de las nuevas manifestaciones sociales literarias. Así, junto a las mesas temáticas de discusión, se presentarán también comunidades (tanto de sagas juveniles como de otras ficciones populares) y tiendas afines. Incluso se desarrollarán concursos (de microcuentos y de cosplay) para incentivar al público interesado.

Las mesas abordarán diversos temas que, de un tiempo a esta parte, están muy en boga en las comunidades de aficionados. Lo anterior no significa que se trate de fenómenos realmente nuevos; ahora bien, su discusión, análisis y estudio ha cobrado gran fuerza en los últimos años. Ejemplo de lo anterior es la mesa “De la web al papel”, que a juzgar por su título y sus participantes (booktubers), me imagino que abordará tendencias como los escritores de Wattpad o aquellas páginas de Facebook que se han vuelto muy populares con las narraciones de autoficción de sus creadores. Otro ejemplo es el de la mesa de “Literatura y cine”, en la que quizá se comente sobre los diversos entrecruces entre esos dos lenguajes, aunque es probable que se enfoque en la novela del autor participante, que estudió precisamente cine. La mesa “G.R.R Martin / Game of Thrones”, supongo, podría encauzarse por derroteros similares si aborda cómo el fenómeno de Martin se ha desarrollado tanto en sus novelas como en la serie de HBO. Por último, la mesa de Carrie Fisher y Star Wars me parece algo más disonante en el programa, aunque sé que hay numerosas novelas basadas en este universo y que a muchos escritores de género les gusta muchísimo, hasta el punto de considerarlo influyente en sus creaciones. No es ese mi caso, pero seguro resulta ser una charla muy concurrida. 

En lo que a mi mesa respecta, siento el tema propuesto como un desafío personal. Como lo comentaba a propósito de mi entrada de presentación de La Nave Invisible, no soy una feminista activista. De hecho, me considero más cercana al esteticismo. Lo que sucede es que esto no me impide reconocer los sesgos académicos, editoriales y lectores que operan para discriminar o derechamente atacar a las escritoras por el perfil de sus creaciones o por pensar críticamente su medio. Lo he vivido y lo he presenciado con compañeras: es un asco. Esta visión coincide además con el hecho reciente de haber ido descubriendo muchísimas escritoras muy potentes, tanto en literatura de imaginación como en otras, cuyas obras he disfrutado mucho. 

Espero tener oportunidad de poder explayarme en algunos de estos puntos, incluyendo un comentario sobre la experiencia de La Nave Invisible, que me parece relevante como ejemplo de colectivo con visión feminista que procura buscar la difusión de un perfil doblemente discriminado: las escritoras de género. Confío en que la moderación de mi amiga Claudia Andrade, que planteó una batería inicial de preguntas bastante buena, nos ayude a las tres participantes a entrar en un diálogo constructivo. A ellas no las conozco, pero sé que vienen de áreas diversas en las que el tema central podría tener particularidades muy interesantes: la ilustración y la actividad booktuber.

De modo que ahí va la invitación a la mesa “La mujer en la literatura”.

Fecha y hora: 17 de febrero de 2017, desde las 14:00 a las 21:00. La mesa “La mujer en la literatura” comienza a las 17:00 pm. (Entrada liberada).

Lugar: Biblioteca de Santiago (Matucana 151, Metro Quinta Normal, Santiago)

Evento en Facebook: Aquí.


Programa de mesas temáticas:



jueves, 12 de enero de 2017

Sobre La Nave Invisible, proyecto de difusión de autoras


No fue sino hasta conocer la campaña #ReadWomen2014 (a la que dediqué dos entradas: una general y otra para autoras de imaginación) que descubrí que, en el seno de diversas iniciativas personales y comunidades de Internet, se estaba gestando un movimiento que reconocía la histórica invisibilización de las escritoras y que pretendía promover sus figuras autorales y sus obras. Así fue como, en el contexto de las redes españolas, comenzaron a surgir iniciativas como las siguientes:

  • #LeoAutorasOct —> Ignoro quién creó esta iniciativa, que consistió en dedicar la lectura exclusiva de obras de mujeres a lo largo del mes de octubre del año pasado.


  • #LeoAutorasFantásticas —> Coordinada por la escritora Felicidad Martínez en un grupo de Goodreads. La propuesta destaca por centrarse en las estéticas de la imaginación (principalmente Fantasía, terror y ciencia ficción), convocar a lecturas conjuntas y presentar un completo registro de escritoras de distintas nacionalidades y perfiles, de actualización constante.


  • Adopta una autora —> Coordinada por la traductora Carla Bataller (@trad_carbaes) en un blog independiente. La propuesta destaca por proponer la elección libre de una escritora en particular y dedicarle algunas entradas, ya sea en un espacio personal o en el del blog oficial, para difundir aspectos sobre ella y su trabajo. 


Es en este contexto en que cabe ubicar la iniciativa La Nave Invisible, proyecto colaborativo, de vocación feminista y divulgativa, que trabaja con la difusión de escritoras de imaginación de cualquier parte del mundo y sin importar su trayectoria. Como se señala en su entrada de presentación, se busca “luchar por la visibilización y el reconocimiento de autoras dentro del género”, espacio en el que suele presentarse bastante machismo en la publicación, valoración y promoción de escritoras. Esta situación incide en aspectos tan concretos como la reducida presencia en librerías y bibliotecas personales de ejemplares de obras escritas por autoras o la escasa cantidad de premios entregados a ellas, o en otros tan abstractos como la creencia sesgada de que las mujeres sólo se acercan al género desde la parcela de lo juvenil o lo romántico… o incluso de que sus incursiones literarias son menos valiosas que las de sus pares varones.

A partir de esto, La Nave Invisible presenta un plan de trabajo que aborda diversos frentes, similares a los de iniciativas similares que la precedieron y de las que ahora se inspiran en ella. Por un lado, el contenido de la web se subdivide en reseñas de obras, artículos de investigación y columnas de opinión, además de la presentación de fichas de autoras, en las que se señalan sus publicaciones e información de interés general. Por otro lado, se gestionan lecturas conjuntas a través de redes sociales y blogs personales, para que cada lector pueda ir comentando sus impresiones u observaciones con la comunidad que se encuentre también leyendo la obra elegida. Adicionalmente, La Nave Invisible comparte también aquellos proyectos, noticias o situaciones que tengan que ver con su perfil, como publicaciones, galardones entregados, entrevistas o reflexiones.

Me hace feliz contar que formo parte del equipo estable de esta genial ocurrencia. Llegué a ella por el llamamiento que hizo la autora y librera Anna Roldós en su blog personal, a propósito del comentario de una editorial que confesó tener dificultades para promocionar a autoras. Entonces la iniciativa tenía como nombre clave #ProyectoEscritoras, y fue sólo a partir de nuestras conversaciones y discusiones por un grupo privado de Goodreads que el proyecto comenzó a cobrar forma hasta llegar a su versión definitiva, La Nave Invisible, compuesta actualmente por dieciséis integrantes (quince mujeres y un hombre).

¿Qué puedo comentar de mi experiencia personal en esta nueva aventura? Bueno, de partida es necesario señalar que soy la única participante latinoamericana. De manera coincidente a otros aspectos de mi vida, en que he estado abocada justamente a la búsqueda de Fantasía en español, la iniciativa me facilitó una motivación y un espacio inmejorable para difundir a aquellas escritoras valiosas de este continente que he ido descubriendo, con la esperanza de que puedan ser más leídas en España. Por allá también, felizmente, han ido ingresando al circuito editorial nombres de diversas escritoras de imaginación, o al menos cercanas a ella desde un fantástico bastante singular. Nombres como los de las argentinas Angélica Gorodischer, Teresa P. Mira, Mariana Enríquez y Samata Schweblin, por ejemplo, están apareciendo tanto en editoriales independientes de género como en grandes casas editoras. 

Con todo, siento que aún hay muchos otros nombres y propuestas femeninas desconocidas de otros países, sobre todo en lo que a Fantasía refiere. De ahí que, como señalaba en una entrada anterior, me estrené escribiendo un entusiasta artículo sobre la genial novela Loba, de Verónica Murguía, que no es muy leída por allá a pesar de haber obtenido el Gran Angular de España el 2013. Ignoro la repercusión real que haya podido tener mi texto en cuanto a dar a conocer a una escritora genial, pero me quedo con lo que su publicación significó en mí: conocer a Verónica.

Hasta ahora, éste es mi único contenido firmado, en todo caso, pues el resto han sido fichas de otras escritoras. El proyecto surgió en una etapa bastante caótica en mi vida, cuando además aún me sentía —con justa razón— recelosa de las iniciativas colectivas, así que me he mantenido aportando a un ritmo mucho más lento que mis compañeras. 

En ese sentido, estoy realmente sorprendida por su capacidad de producción y por el celo con el que se han conducido los aspectos administrativos, considerando que somos tantas las involucradas. Como suele suceder, es posible que el lector entre a su web periódicamente y disfrute de sus contenidos sin jamás llegar a entender el enorme trabajo que subyace a cada publicación: elección temática, investigación profunda de aspectos relevantes, composición, edición de imágenes, subida de material a las carpetas correctas, coordinación de trabajo, edición textual, corrección de estilo, promoción por redes sociales… En fin: cosas por las que yo misma he pasado antes, sumamente necesarias para asegurar la calidad y seriedad de un proyecto de difusión literaria, pero sumamente agotadoras también. Ahora que estoy enfocada sólo en la producción de contenidos, no puedo sino entregar mis felicitaciones a los diversos equipos de trabajo y coordinación, que son los que en última instancia permiten que nuestros textos se presenten y lean.

El último aspecto que quisiera destacar de mi experiencia personal es, por cierto, el más personal: las relaciones con la tripulación. Aunque el hecho de venir de otro país, otro continente y otra cultura podría parecer un factor negativo, en realidad ha resultado una condición simplemente distinta, que incluso propicia interesantes conversaciones idiosincráticas en la que logramos entendernos un poco mejor. 

Porque sí: además del intenso trabajo, hay espacio igualmente para la diversión y la reflexión. La verdad es que me he reído mucho participando con las chicas en su chat interno, hasta el punto de haber generado ya maravillosas tallas internas, pero también he compartido la frustración de aquellos problemas que se plasman más allá de nuestros respectivos contextos: el sostenido desprecio por la mujer lectora y escritora, la agresividad, la condescendencia e hipocresía masculina hacia nosotras y aquella brecha terrible entre autoras y autores, que día a día intentamos acortar con nuestro trabajo.

Si bien no soy una persona que se considere activista dentro del feminismo, siempre me he sentido muy identificada con las discusiones que grandes escritoras han hecho a partir de la consideración de la mujer, y sobre todo de la mujer artista. Ensayos como el clásico Un cuarto propio de Virginia Woolf o el más desconocido La hija de la pescadora, de mi amada Ursula K. Le Guin, han significado mucho en mi vida, y siguen significando algo cada vez que vuelvo a ellos. Mi vocación feminista, supongo, se concentra ante todo en esto: en hacer presente las voces de escritoras que considero valiosas en un contexto doblemente hostil, como lo es de las comunidades de género hispanas. Y, de forma paralela, en hacer que mi propia voz resista a los ataques y cuestionamientos constantes que ha ido sufriendo desde que comencé a escribir de literatura por Internet. 

En todo esto, la existencia de La Nave Invisible y su formidable equipo me ha ayudado mucho. Estoy muy agradecida de tener la posibilidad de discutir y reflexionar tanto sobre estos temas en un espacio como el que se ha creado, pero también de poder hacerlo con otras mujeres jóvenes tras tantos años de ausencia de sororidad. Espero poder seguir aportando desde ese frente, en la medida de mis posibilidades.

Tripulación de La Nave Invisible: dramatización pajaril.



martes, 13 de diciembre de 2016

Participación en las I Jornadas de CiEL



Difundo por aquí la realización de las Primeras Jornadas de CiEL Chile sobre literatura para infancia, adolescencia y juventud. Si el anterior fue un evento en que participé como autora, en éste participaré como académica. El tema, sin embargo, es el mismo: la Fantasía.

Mi ponencia se titula "Tradición e innovación en la literatura de Fantasía escrita por autoras contemporáneas: trazos para un recorrido hispanoamericano". Como el nombre sugiere, en esta oportunidad analizaré brevemente las obras juveniles de tres autoras hispanoamericanas contemporáneas: El fuego verde, de Verónica Murguía (México); Tiempo de dragones. La profecía imperfecta I, de Liliana Bodoc (Argentina); y Heredero del invierno, de Mariela González (España). Mi enfoque de análisis es intentar determinar cuáles aspectos esenciales de la Fantasía recogen estas autoras y cómo los reelaboran según sus inquietudes e intereses estéticos personales. Quise centrarme en este enfoque porque considero de suma importancia promover tres aspectos en relación con la lectura, valoración y estudio de la Fantasía en nuestro contexto:

a) La escritura de autoras de Fantasía.
b) La escritura de Fantasía en español.
c) La escritura de Fantasía como expresión de valor literario, críticamente consciente de sus tradiciones y genealogías, y en la que se concibe al lenguaje como prioridad.

Estos tres aspectos me parecen poco explorados de manera independiente, y ni hablar de su aparición conjunta. Mi interés por estos temas surge ante todo porque la mayor parte de obras recientes de Fantasía que me han cautivado han sido escritas en español y por mujeres, lo que me llena de alegría al contrastarlo con la norma, que estriba justamente en lo opuesto (autores varones que escriben en inglés). Me alegra también poder seguir trabajando con Verónica y Liliana, esta vez a partir de obras distintas a las que ya he estudiado antes. Igualmente me entusiasma incluir a Mariela, amiga de ultramar que está empezando a publicar novelas en las que la elegancia y precisión del lenguaje destacan como principal valor, a contrapelo de las cualidades extraliterarias que parecen dominar el actual panorama de la Fantasía española.

Curiosamente, y de manera más o menos paralela a la mía, Emilio también participaré en estas jornadas. Su ponencia se titula "La fantasía como género, modo narrativo y etiqueta comercial: ejemplos chilenos y latinoamericanos". En ella analizará tres obras juveniles desde las distinciones de la Fantasía como género, fómula y modo que propone Brian Attebery. Las obras elegidas son El fuego verde (sí, otra vez); Max Urdemales: abogado sobrenatural, del chileno Francisco Ortega; y Kalfukura, del también chileno Jorge Baradit. Por supuesto que de esta triada Verónica es la mejor autora, por lejos; lo interesante será comprender por qué.

Como siempre, dejo a continuación los detalles de las Jornadas, junto con su respectivo programa.

Información

Inscripción: La actividad es gratuita, pero requiere inscripción previa vía e-mail. Enviar correo con nombre y RUT a contacto@cielchile.org

Fechas: 14 y 15 de diciembre. El 14 estará destinado a la literatura para niños y niñas; el 15, a literatura para adolescentes y jóvenes.

Lugares
-Miércoles 14: Auditorio Rolando Mellafe, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile (Ignacio Carrera Pinto 1025, Ñuñoa).
-Jueves 15: Centro Cultural de España (Avenida Providencia, Metro Salvador).

Ponencias sobre Fantasía:
-"Tradición e innovación en la literatura de Fantasía escrita por autoras contemporáneas: trazos para un recorrido hispanoamericano" (la mía).
-"La fantasía como género, modo narrativo y etiqueta comercial: ejemplos chilenos y
latinoamericanos" (la de Emilio).


Programa oficial (incluye abstracts de las ponencias):

martes, 6 de diciembre de 2016

Participación en evento "Escribir y leer literatura de Fantasía: entrando en el Reino Peligroso"


Ya he comentado que, curiosamente, este año me ha permitido participar en eventos e instancias muy variadas como autora e investigadora. No deja de ser llamativo que este tipo de oportunidades se me presenten tres años después de la publicación de mi primera novela, tiempo más que suficiente para que quienes no tenemos apoyo editorial, muchos amigos ni un ritmo de producción alto nos veamos orillado a la extinción pública absoluta.

Esta particular gracia también se ha extendido a Emilio, que en esta ocasión compartirá mesa temática conmigo. Esto me hace muy feliz por diversas razones, la principal por la posibilidad de hablar de algo que amas con alguien que también lo ama, y de formas parecidas. Alguien con quien, en suma, puedes sostener un diálogo crítico que en el fondo es una extensión al ámbito público de muchas conversaciones privadas. 

En esta oportunidad desarrollaremos un tema al que últimamente le hemos estado dedicando muchas de estas conversaciones: los vínculos, conflictos y propuestas estéticas que presenta la Fantasía escrita y leída desde Latinoamérica en su relación con la tradición europea. Como comenté en una entrada anterior, éste ha sido de hecho uno de mis ejes de trabajo académico en el máster, y me ha resultado inesperadamente interesante. Lo de inesperado se debe a que en realidad jamás me había preguntado por las formas o referentes latinoamericanos; mis modelos de Fantasía eran o bien europeos o bien japoneses (RPGs), y para mí eso jamás supuso problema alguno. Hoy tengo una visión más compleja del panorama, claro, pero en cierto sentido podría decir que estoy emprendiendo un viaje para respaldar teórica y críticamente mis corazonadas juveniles, y que me estoy divirtiendo en ello.

Una clave de los derroteros de nuestra charla pueden encontrarse en el título de la misma: "Faërie sin fronteras: visiones de la Fantasía en Europa y Latinoamérica". No adelanto más, porque creo que semejante título es también una postura ante nuestro rol de autores, una formulación poética y una declaración de principios en tiempos en que la Fantasía deambula desamparada entre las visiones comerciales y/o de la cultura ñoña y el esbonismo de la "ficción literaria" (a.k.a "mal realismo glorificado"). 

Lo mismo que hemos hecho desde al menos 2010, en realidad, pero esta vez juntos, desde fuera de la miseria de las comunidades de género y ante un público nuevo. ¿Cómo no voy a considerar esta oportunidad como una gracia?

En fin, comparto a continuación los detalles del evento. No puedo dejar de recomendar la charla que realizarán Hugo Hinojosa y mi amiga Claudia Andrade, que abordarán un tema tan interesante (y, por desgracia, exploratorio aún) como el estudio semiótico y literario de los mapas de obras de Fantasía. También hay talleres de creación, para quienes disfruten esas instancias.


Información

-Fecha y hora: Sábado 10 de diciembre. El evento comienza a las 12:00 pm, con nuestra charla de una hora, y finaliza a las 16:00 pm.

-Ubicación: Biblioteca de Santiago (Matucana 151, Metro Quinta Normal). Sala Juvenil.

-Nombre de nuestra charla: "Faërie sin fronteras: visiones de la Fantasía en Europa y Latinoamérica"

-Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/1221255994635853/

-Programa oficial: El programa puede consultarse aquí, pero por alguna razón desconocida no pude incrustar el código en Blogger, así que resubí el archivo a mi cuenta de Scribd para mostrarlo en esta entrada.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Conocí a Verónica Murguía


Presentación de Verónica (a la derecha).
Foto de Ediciones SM Chile.
Ante el descalabro que suponía para mí la sensación constante de estar rodeada de espejos y humo en lo que a la Fantasía en Chile refiere, me dediqué a buscar personas y obras que me resultaran relevantes fuera de las barreras de mi país. Sabía que no sería una tarea sencilla, pues suponía que me encontraría con nuevos obstáculos, añadidos a mis dificultades habituales: buscar Fantasía en un contexto obsesionado con lo fantástico y la ciencia ficción, y buscar Fantasía de calidad en un contexto en el que tienden a destacar sólo obras con gran potencial comercial y autores con un gran arrastre de marketing a sus espaldas.

No me equivoqué. La tarea se asemejó mucho a buscar un anillo diminuto entre el brezo, en una tierra que está ya cubierta de anillos de todos los tamaños, formas y colores. Pero, ay, los cuentos de hadas me habían enseñado que los objetos mágicos son inflexibles en sus ataduras con nosotros y que yo jamás podría conformarme con un anillo que no fuese aquel que había forjado en mis deseos, hermano del que yo misma alojaba en mi propio dedo, tan tosco y atrevido como yo misma. 

En el coloquio de Fantasía de hace unos meses, comenté algo que aún recuerdo: no comencé a escribir para hacer amigos. Esto es rigurosamente cierto. En mis años adolescente añoré compañía y un sentido de comunidad, pero cuando al fin logré dar con algo parecido a ello con el tiempo, descubrí que eso no era lo que buscaba. Rara vez encontraba personas con las que resonaran las mismas notas o las mismas imágenes, o que al menos entre melodías y visiones distintas pudiéramos dialogar, y a la mayoría la fui perdiendo por distintas razones. Para cuando empecé con mi nueva búsqueda internacional, aún no conocía a la gente que hoy procura acompañarme en eso en mi propio territorio, con mayor o menor sintonía.

¿Encontré el anillo finalmente? ¡Sí! Y no uno, sino un pequeño puñado que poco a poco, y contra toda expectativa, va aumentando. Ligado a mis recientes intereses de investigación (en principio, un poco forzados por la estrechez de miras de la academia chilena), comencé a descubrir autoras de gran tradición que escribían en español literatura de Fantasía de gran valor estético, con una propuesta personal muy sólida y atractiva. Pero también, debido a mi insistencia a ignorar la difusión masiva de ciertos nombres reiterativos y en cambio indagar en algunos de nulo reconocimiento, di con obras y autores desconocidos igualmente valiosos, como Jesús Fernández o Mariela González, entre otros. 

Y esa conexión tan fuerte entre imaginarios, concepciones sobre la literatura y la vida y amores en común, me inclinó a acercarme a ellos de una manera más íntima. Había olvidado lo necesario que era compartir con autores con los que me sintiera menos sola. Recordé cuánto quería leer novelas y cuentos en español que me iluminaran los ojos con sus historias y aventuras y que me deleitaran con su particular uso del lenguaje. O cuánto necesitaba conocer expresiones de Faërie que tal vez yo jamás trabajaría, pero que podrían igualmente estremecerme.

Estas sensaciones fueron las que volví a sentir al conocer a Verónica Murguía, escritora mexicana de gran trayectoria en literatura infantil y juvenil, pero también con trabajos maravillosos de Fantasía o incluso aproximaciones narrativas a las siempre complejos mundos y formas del medioevo. 

A Verónica quería leerla desde enterarme que su novela Loba había sido ganadora del Premio Gran Angular de 2013. Que una obra de Fantasía juvenil escrita por una latinoamericana irrumpiera en un premio de semejante perfil me parecía una anomalía maravillosa, que por lo menos era digna de mi curiosidad. Por supuesto, entonces la obra no estaba disponible en Chile y nadie aquí parecía conocer a la autora, a pesar de que ya tuviese la bellísima compilación El ángel de Nicolás editada desde el sello de LOM (cosa que, naturalmente, yo ignoraba). Tuvieron que pasar años antes de que Loba llegara a librerías chilenas. Entonces, amparada por las elogiosas recomendaciones de Gabriela Damián, también escritora mexicana y amante de la imaginación (vamos, una más de los pocos anillos que he encontrado), hice algo que ya casi no hacía: me compré a ciegas la novela. 

Está claro que la amé, que la disfruté y que la sufrí. De hecho, considero que en ella se encuentra uno de los pasajes más hermosos de la Fantasía escrita en español, cuya lectura me detuvo el mundo por unos instantes y que, hasta hoy, sigo presentando con entusiasmo al resto de gente-anillo que voy conociendo en mi camino. 

Anteriormente ya he hablado de manera entusiasta de la Saga de los Confines de Liliana Bodoc. He reseñado sus tres libros e incluso he publicado un artículo académico muy crítico hacia la cansina y aburridísima lectura alegórica desde la que suele valorarse la novela por estos lares, explicitando la necesidad de leerla desde los códigos de la Fantasía. Sin embargo, hay algo problemático sobre esta serie que conviene mencionar ahora, y que en todo caso tiene que ver con su recepción en cuanto a un posible modelo de “Fantasía latinoamericana”. Ha rondado mucho en los últimos años la idea de que este concepto —que he colocado entre comillas por su aparente disonancia— debe apuntar a una Fantasía que recoja exclusivamente los referentes culturales y míticos de nuestro país y continente. Quienes insisten en esta propuesta hasta el punto de agredir a quienes pensamos distinto suelen ser personas rabiosamente localistas, que en realidad no conocen lo suficiente ni de Fantasía ni de la propia mitología precolombina (y, de paso, tampoco de algunos teóricos o enfoques de teoría literaria latinoamericana, que podrían serles de utilidad intelectual para la discusión). 

Me encantaría saber cómo percibirían estas personas una novela como Loba, que está emplazada en un contexto de medioevo europeo y cuyas fuentes beben de diversas mitologías y tradiciones y formas literarias europeas, desde los versos de los romances hasta la figura arquetípica de personajes como el dragón y el mago, aquí inspirados en Smaug (Tolkien) y Ged (Le Guin), respectivamente. Si hasta ahora las críticas más usuales de adscribir a modelos europeos se centraban en el hecho de que las obras resultantes eran de perfil genérico y muy poco literarias, Loba arrasa con esas valoraciones al presentarse como una obra pulida y madura, plena y críticamente consciente de su tradición.

Por supuesto, estos aspectos no son lo único que destaca de Loba. De hecho, en el contexto de un trabajo universitario, quise analizar la figura protagónica de Soledad, joven princesa devenida por su propia voluntad y celo en guerrera, con inesperadas consecuencias, desde las teorías feministas. Para quienes estén obsesionados con el concepto de “mujer fuerte” que hoy campea a sus anchas en la ficción de género, Soledad supondrá un modelo que escapará a todo margen. Ni suficientemente señorita, como la impulsarían los códigos culturales por su género, ni suficientemente bruta, como desearía ella misma plasmarse desde los códigos de los varones guerreros, Soledad se desmarca de todo y su aventura se vuelve la búsqueda de una tercera vía, desde la paz y de un amor hacia todo su mundo. Leyendo su historia, sentí que la adolescente que yo misma había sido, extraviada en su propia encrucijada, había encontrado al fin su respuesta, casi quince años más tarde de lo ideal, pero no demasiado tarde.

Precisamente éste fue el eje en el que me basé para mi primera colaboración en el proyecto colectivo de La Nave Invisible, del que tengo pendiente aún escribir por aquí. Me sentía contenta con la idea de presentarle al público español, que parece seguir teniendo como referentes únicos de literatura de imaginación latinoamericana a nombres ultra canónicos (y viejísimos), una autora contemporánea con una gran obra. 

Grata sorpresa me llevaría cuando, a propósito de enseñarle mi texto a Gabriela, la propia Verónica se puso en contacto conmigo para conversar sobre él, sobre la literatura y sobre la vida, pero ante todo para avisarme que estaba invitada a la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA) de este año y que podríamos conocernos.

Cuento corto, todo salió estupendamente bien. Sentí hallar en Verónica una nueva compañera de viaje en esta loquísima quest de autores de Fantasía que hubiera oído de una forma u otra la Nota y que ahora intentaran escribir de esa experiencia en la lengua que compartimos. Todos los sentimientos de soledad, de humillación y de incomprensión constantes que suelo vivir en mi vida por expresar mi amor por la Fantasía quedaron agazapados mientras conversábamos. 

¡Fue un diálogo tan bonito, estimulante y reparador! Me hizo sentir también que otra gracia de escribir Fantasía, además de rozar un consuelo para nuestra naturaleza caída desde las visiones de Faërie, es poder llegar a comunicarse al fin con esos otros dispersos por el mundo y compartir, por ejemplo, nuestro ígneo y entrañable amor por los dragones sólo a partir de unas pocas palabras y de un encuentro de miradas encendidas. 

Tras nuestra conversación, acudí a la charla de presentación de las novelas Loba y El fuego verde, ésta última una reedición corregida de una obra publicada originalmente en 1999 y que recién ahora se estrena en nuestro país. Verónica hizo una exposición estupenda y muy amena, demostrando tanto su gran bagaje cultural histórico y literario como su gran sentido del humor. Geniales me parecieron sus palabras respecto a las características del halcón como ave de presa (cuya expresión literaria se ve encarnada en Alagrís, compañero alado de Soledad) o su interés por la cultura árabe, plasmada en su novela Auliya, aún inédita en Chile.

No puedo dejar de destacar también un último y maravilloso gesto de complicidad tras la charla. A propósito de una pregunta de un señor respecto a la conformación de un canon para niños de nuestro continente, pregunta que Verónica respondió de manera integradora y universalista, intervino una señora con la cantinela de la importancia de “nuestra identidad [latinoamericana]”, etcétera. La charla finalizó antes de que pudiera respondérsele, pero dio igual. Creo que ese brevísimo intercambio de desconciertos entre Verónica y yo tras sus palabras, compartido posteriormente por Emilio, fue un pequeño y bello guiño de comprensión mutua: ¡que tengamos que seguir lidiando con esas cosas…!

Como sea, prefiero quedarme con lo siguiente como último recuerdo de la velada: este precioso dragón de lanita que me regaló Verónica, que fue creado por personas que no conocían dragones convencionales y que usaron como referencia a criaturas reales. Creo que buena parte de su belleza estriba precisamente en su curiosa anatomía, nacida de la búsqueda a tiendas de su tradición fabulosa y a la vez del amor de querer representarlo a partir de los remanentes de la maravilla que nos quedan. ¿No se parece eso también a nuestra propia labor como creadores? 

Les presento entonces a Quetzalcóphilax (bautizado por Emilio), nuevo guardián de nuestra aún desorganizada biblioteca de Fantasía, que espero esté desde ahora llena de obras escritas en distintos idiomas, pero compartiendo una sola lengua universal: la de la imaginación.

Quetzalcóphilax, el dragón de lanita.
(Favor ignorar los libros de la repisa. No están organizados según orden particular)

(Nota: Verónica, Emilio y yo nos sacamos una foto juntos, desde luego, pero soy una mujer tímida y prefiero guardar ese tipo de registros para mí y mi círculo cercano).

sábado, 3 de diciembre de 2016

Cambios en el blog

Imagen de portada de Arboloria.
Es el Árbol de Mana de
la serie RPG homónima.

Hace mucho que no me dedicaba a la revisión y cuidado de este blog. Hay muchas razones para explicar mi desidia. Las personales tienen que ver con mi falta de tiempo (trabajo, estudio, licencias médicas) y mi flojera natural (se explica por sí sola); las externas, con la decadencia del formato blog en el contexto chileno y el desinterés absoluto que suscitan blogs de escritores a los que no nos interesan los consejos de escritura ni de Worldbuilding. ¿Para qué desperdiciar tiempo en los aspectos más superficiales de un sitio que leen muy pocas personas? Mejor centrarse en el contenido, obviamente, aunque ya habrán notado que en los últimos años he tendido a escribir para webs externas, en su mayoría españolas y sobre todo de videojuegos, que me han asegurado mayor desafío, mejor recepción y un público objetivo menos mamerto que el chileno (e incluso menos agresivo, lo que ya es mucho decir).

El punto es que mi aturdimiento en estas cosas ha sido tal que ni siquiera pasé a tiempo a anunciar por aquí que había abierto una pequeña web personal bajo el servicio de Weebly, a la que llamé Arboloria [vayan a verla ahora; es muy limpia]. A propósito precisamente de la gran cantidad de textos que tengo esparcidos por el universo, me pareció una buena idea tener un espacio propio donde alojarlos, creando respaldos muy organizados que pudieran prevenir las típicas pérdidas de material al modificarse una URL o cerrarse una página web ajena, cosas que me desesperan.

Curiosamente, Weebly ha resultado un servicio bastante satisfactorio para la humildad de mis requerimientos. No pretendo reemplazar Tierra de Fay por Arboloria, claro; antes bien, ésta es una suerte de archivo selectivo de mi trabajo. Sin embargo, precisamente porque este blog ya no es un espacio idóneo para mantener actualizados mis perfiles académicos y literarios, he limpiado el menú de contenido original y he actualizado y modificado algunos enlaces para que redirijan a las páginas correspondientes de Arboloria. Creo que el resultado es mucho menos engorroso. 

No sé qué utilidad pueda tener para ustedes estos cambios, pero para mí han sido un alivio. De un tiempo a esta parte, he tenido que hacer uso constante de algunos de estos enlaces para mostrar mi trabajo, y también para reconstruir mi CV académico en miras a tediosas postulaciones. Con todo, pensé que sería deferente contarles de estos cambios por aquí también. 

Tiene algo de encanto escribir en Fay: es como hablarle al viento.

martes, 13 de septiembre de 2016

Lanzamiento del libro académico Literatura para infancia, adolescencia y juventud


Hace unos años, se realizó una convocatoria abierta para el envío de artículos académicos sobre literatura infantil y juvenil. La entidad que organizó la convocatoria era el colectivo CiEL Chile (acrónimo de Centro de Investigación y Estudios Literarios), nacido por la iniciativa personal de un grupo de doctorandas de la Universidad de Chile que compartían su interés por el estudio estético de la LIJ, campo que rara vez se abordaba en Chile debido a la predominancia de los enfoques educativos y de fomento lector.

Interesada por el énfasis en aquélla mirada, tan necesaria para mí tras mi paso por el Diplomado en Literatura Infantil y Juvenil y Fomento Lector de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), indagué en las bases de la convocatoria para considerar mi participación. Recuerdo que su lectura fue en su momento motivo de discusión con algunas integrantes de CiEL debido a su restricción, pues sólo aceptarían propuestas que se ciñeran a literatura hispanoamericana. Por supuesto que mi intención inicial era trabajar con algunos de los autores de los que más he disfrutado sus obras de Fantasía, y por supuesto que todos los nombres que barajaba eran angloparlantes. Me sentí frustrada: ¿es que nunca podría trabajar en mi propio país con la literatura que amaba? ¿No era nuestra aproximación latinoamericana relevante también en el estudio especializado de obras extranjeras, e incluso necesaria, por la ausencia reiterada de rigor toda vez que un académico hispanoamericano trata de hablar de ellas?

En fin: por supuesto también que yo siempre he sido muy terca, pero como esta discusión en particular fue entre mujeres adultas y pensantes, no hubo instancia para los insultos ni el paternalismo. Las chicas de CiEL me expusieron sus razones y, aunque no me convencieron entonces, la cosa no salió de un mero intercambio de opiniones.

Sin embargo, mi terquedad no me dejó tranquila. ¿Por qué no intentar participar, de todos modos? ¿Qué perdía, fuera de tiempo y energía, que se me iban a manos llenas igualmente? Pensé en las obras latinoamericanas que había leído hasta entonces y comencé a evaluarlas en función de mi interés personal en ellas como lectora y su mérito estético para trabajarlo en un potencial artículo. 

Naturalmente, descarté todo el catálogo chileno que había leído hasta entonces para las reseñas de Fantasía Austral. Eso me permitió recordar mi feliz lectura de la Saga de los Confines de la argentina Liliana Bodoc, y entonces la hipótesis de lectura emergió con facilidad: estudiar la obra intentando una aproximación crítica a la valoración más recurrente, que se encallaba aburridamente en su supuesta alegoría de la conquista española en tierras americanas. Sentía que ese juicio, además de esconder un rencor no resuelto hacia Europa, limitaba la apreciación de la belleza de la obra, y que era muy propio de gente que no sabía leer Fantasía. Vamos a intentar algo distinto, me dije. Vamos a evidenciar cómo leí yo la obra, a ver si podremos abrir posibilidades de lectura e interpretación poco exploradas. Vamos a realzar su relevancia en su calidad de obra de Fantasía.

Y bueno, mi propuesta fue aceptada por CiEL y pasó entonces al proceso de edición, con el que quedé bastante conforme, dado que mis arranques pasionales suelen ser muy poco académicos y necesito que alguien me eche un poco de barro frío sobre las letras. 

Sin embargo, la publicación de las propuestas críticas terminó alargándose unos años por diversas razones. Quizá el más relevante se presentó porque CiEL, a partir del manuscrito con nuestros artículos, tuvo la fortuna de hacerse merecedor del Fondo Rector Juvenal Henríquez, un fondo editorial de la Universidad de Chile para publicaciones académicas enviadas por integrantes de su comunidad universitaria. Eso significaba que la obra sería publicada como un libro editado por Editorial Universitaria, sello de esta institución. En términos prácticos, eso implicó que la obra pasara a un dilatado proceso de edición externa.

Sin embargo, tras un sinfín de contratiempos, la obra ha salido felizmente al mercado este año. 

Primera página de mi artículo.

El lanzamiento del libro será el 21 de septiembre a las 19:00 horas, en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. A continuación dejo la invitación oficial.


Dejaré también, para algún eventual interesado, el texto de contraportada del libro y el índice de artículos.

Contraportada

En Chile la literatura para infancia, adolescencia y juventud registra un sostenido desarrollo durante los últimos quince años, convirtiéndose en una de las expresiones literarias de mayor producción editorial y en un fenómeno variado y cambiante. Aun presentando gran riqueza, esta área ha sido explorada de forma minoritaria en el contexto nacional. Así, el presente libro constituye un aporte para quienes se interesan en estas formas literarias, tanto desde el ámbito de la educación del fomento lector, así como también —y de forma crucial— desde la investigación literaria y otras áreas humanistas afines. 

Literatura para infancia, adolescencia y juventud: reflexiones desde los estudios literarios viene a nutrir, desde los desarrollos teórico-críticos de los estudios literarios, el incipiente diálogo sobre estas expresiones discursivas. La apuesta es explorar cómo estos discursos no solo construyen mundos ficcionales sino, también, cómo conforman una diversidad de discursos ideológicos, relevándose así la importancia de estos textos literarios no solo como creaciones artísticas, sino en tanto producciones discursivas socioculturales. 

En suma, esta es una propuesta novedosa que busca resignificar esta literatura en el ámbito académico, con el objetivo de entregarle mayor atención y visibilidad, a la vez que intenta posicionarla como una forma literaria significativa que requiere ser estudiada y analizada.

Índice de artículos

Breve recorrido historiográfico: origen y transformaciones de los cuentos maravillosos europeos
Camila Valenzuela León

Dispositivos de vigilancia sobre el cuerpo femenino en la narrativa chilena para adolescentes y jóvenes: La Quintrala de Magdalena Petit y Nuestras Sombras de María Teresa Budge
Claudia Andrade Ecchio

El cuerpo del niño en Papelucho de Marcela Paz: voz y cronotopo infantil
Isabel Ibaceta Gallardo

Canto para mañana, construyendo una nueva literatura para niños y niñas
Anahí Magdalena Troncoso Araya

Cuestiones actuales en torno al libro-álbum: el ilustrador y el autor, el texto y la imagen, lo etario y los modos de leer
Mariel Rabasa, María Marcela Ramírez

Lo onírico como vía de liberación en El globo de Isol
Lucía Acuña Avilés

Trascendiendo el imaginario latinoamericano: la Fantasía en La Saga de los Confines de Liliana Bodoc
Paula Rivera Donoso 

Breve panorama crítico de la narrativa para adolescentes y jóvenes
Carolina Pizarro Cortés

Enlaces relevantes

Revista Umbral, dedicada a la publicación de comentarios críticos de obras latinoamericanas de LIJ