jueves, 12 de enero de 2017

Sobre La Nave Invisible, proyecto de difusión de autoras


No fue sino hasta conocer la campaña #ReadWomen2014 (a la que dediqué dos entradas: una general y otra para autoras de imaginación) que descubrí que, en el seno de diversas iniciativas personales y comunidades de Internet, se estaba gestando un movimiento que reconocía la histórica invisibilización de las escritoras y que pretendía promover sus figuras autorales y sus obras. Así fue como, en el contexto de las redes españolas, comenzaron a surgir iniciativas como las siguientes:

  • #LeoAutorasOct —> Ignoro quién creó esta iniciativa, que consistió en dedicar la lectura exclusiva de obras de mujeres a lo largo del mes de octubre del año pasado.


  • #LeoAutorasFantásticas —> Coordinada por la escritora Felicidad Martínez en un grupo de Goodreads. La propuesta destaca por centrarse en las estéticas de la imaginación (principalmente Fantasía, terror y ciencia ficción), convocar a lecturas conjuntas y presentar un completo registro de escritoras de distintas nacionalidades y perfiles, de actualización constante.


  • Adopta una autora —> Coordinada por la traductora Carla Bataller (@trad_carbaes) en un blog independiente. La propuesta destaca por proponer la elección libre de una escritora en particular y dedicarle algunas entradas, ya sea en un espacio personal o en el del blog oficial, para difundir aspectos sobre ella y su trabajo. 


Es en este contexto en que cabe ubicar la iniciativa La Nave Invisible, proyecto colaborativo, de vocación feminista y divulgativa, que trabaja con la difusión de escritoras de imaginación de cualquier parte del mundo y sin importar su trayectoria. Como se señala en su entrada de presentación, se busca “luchar por la visibilización y el reconocimiento de autoras dentro del género”, espacio en el que suele presentarse bastante machismo en la publicación, valoración y promoción de escritoras. Esta situación incide en aspectos tan concretos como la reducida presencia en librerías y bibliotecas personales de ejemplares de obras escritas por autoras o la escasa cantidad de premios entregados a ellas, o en otros tan abstractos como la creencia sesgada de que las mujeres sólo se acercan al género desde la parcela de lo juvenil o lo romántico… o incluso de que sus incursiones literarias son menos valiosas que las de sus pares varones.

A partir de esto, La Nave Invisible presenta un plan de trabajo que aborda diversos frentes, similares a los de iniciativas similares que la precedieron y de las que ahora se inspiran en ella. Por un lado, el contenido de la web se subdivide en reseñas de obras, artículos de investigación y columnas de opinión, además de la presentación de fichas de autoras, en las que se señalan sus publicaciones e información de interés general. Por otro lado, se gestionan lecturas conjuntas a través de redes sociales y blogs personales, para que cada lector pueda ir comentando sus impresiones u observaciones con la comunidad que se encuentre también leyendo la obra elegida. Adicionalmente, La Nave Invisible comparte también aquellos proyectos, noticias o situaciones que tengan que ver con su perfil, como publicaciones, galardones entregados, entrevistas o reflexiones.

Me hace feliz contar que formo parte del equipo estable de esta genial ocurrencia. Llegué a ella por el llamamiento que hizo la autora y librera Anna Roldós en su blog personal, a propósito del comentario de una editorial que confesó tener dificultades para promocionar a autoras. Entonces la iniciativa tenía como nombre clave #ProyectoEscritoras, y fue sólo a partir de nuestras conversaciones y discusiones por un grupo privado de Goodreads que el proyecto comenzó a cobrar forma hasta llegar a su versión definitiva, La Nave Invisible, compuesta actualmente por dieciséis integrantes (quince mujeres y un hombre).

¿Qué puedo comentar de mi experiencia personal en esta nueva aventura? Bueno, de partida es necesario señalar que soy la única participante latinoamericana. De manera coincidente a otros aspectos de mi vida, en que he estado abocada justamente a la búsqueda de Fantasía en español, la iniciativa me facilitó una motivación y un espacio inmejorable para difundir a aquellas escritoras valiosas de este continente que he ido descubriendo, con la esperanza de que puedan ser más leídas en España. Por allá también, felizmente, han ido ingresando al circuito editorial nombres de diversas escritoras de imaginación, o al menos cercanas a ella desde un fantástico bastante singular. Nombres como los de las argentinas Angélica Gorodischer, Teresa P. Mira, Mariana Enríquez y Samata Schweblin, por ejemplo, están apareciendo tanto en editoriales independientes de género como en grandes casas editoras. 

Con todo, siento que aún hay muchos otros nombres y propuestas femeninas desconocidas de otros países, sobre todo en lo que a Fantasía refiere. De ahí que, como señalaba en una entrada anterior, me estrené escribiendo un entusiasta artículo sobre la genial novela Loba, de Verónica Murguía, que no es muy leída por allá a pesar de haber obtenido el Gran Angular de España el 2013. Ignoro la repercusión real que haya podido tener mi texto en cuanto a dar a conocer a una escritora genial, pero me quedo con lo que su publicación significó en mí: conocer a Verónica.

Hasta ahora, éste es mi único contenido firmado, en todo caso, pues el resto han sido fichas de otras escritoras. El proyecto surgió en una etapa bastante caótica en mi vida, cuando además aún me sentía —con justa razón— recelosa de las iniciativas colectivas, así que me he mantenido aportando a un ritmo mucho más lento que mis compañeras. 

En ese sentido, estoy realmente sorprendida por su capacidad de producción y por el celo con el que se han conducido los aspectos administrativos, considerando que somos tantas las involucradas. Como suele suceder, es posible que el lector entre a su web periódicamente y disfrute de sus contenidos sin jamás llegar a entender el enorme trabajo que subyace a cada publicación: elección temática, investigación profunda de aspectos relevantes, composición, edición de imágenes, subida de material a las carpetas correctas, coordinación de trabajo, edición textual, corrección de estilo, promoción por redes sociales… En fin: cosas por las que yo misma he pasado antes, sumamente necesarias para asegurar la calidad y seriedad de un proyecto de difusión literaria, pero sumamente agotadoras también. Ahora que estoy enfocada sólo en la producción de contenidos, no puedo sino entregar mis felicitaciones a los diversos equipos de trabajo y coordinación, que son los que en última instancia permiten que nuestros textos se presenten y lean.

El último aspecto que quisiera destacar de mi experiencia personal es, por cierto, el más personal: las relaciones con la tripulación. Aunque el hecho de venir de otro país, otro continente y otra cultura podría parecer un factor negativo, en realidad ha resultado una condición simplemente distinta, que incluso propicia interesantes conversaciones idiosincráticas en la que logramos entendernos un poco mejor. 

Porque sí: además del intenso trabajo, hay espacio igualmente para la diversión y la reflexión. La verdad es que me he reído mucho participando con las chicas en su chat interno, hasta el punto de haber generado ya maravillosas tallas internas, pero también he compartido la frustración de aquellos problemas que se plasman más allá de nuestros respectivos contextos: el sostenido desprecio por la mujer lectora y escritora, la agresividad, la condescendencia e hipocresía masculina hacia nosotras y aquella brecha terrible entre autoras y autores, que día a día intentamos acortar con nuestro trabajo.

Si bien no soy una persona que se considere activista dentro del feminismo, siempre me he sentido muy identificada con las discusiones que grandes escritoras han hecho a partir de la consideración de la mujer, y sobre todo de la mujer artista. Ensayos como el clásico Un cuarto propio de Virginia Woolf o el más desconocido La hija de la pescadora, de mi amada Ursula K. Le Guin, han significado mucho en mi vida, y siguen significando algo cada vez que vuelvo a ellos. Mi vocación feminista, supongo, se concentra ante todo en esto: en hacer presente las voces de escritoras que considero valiosas en un contexto doblemente hostil, como lo es de las comunidades de género hispanas. Y, de forma paralela, en hacer que mi propia voz resista a los ataques y cuestionamientos constantes que ha ido sufriendo desde que comencé a escribir de literatura por Internet. 

En todo esto, la existencia de La Nave Invisible y su formidable equipo me ha ayudado mucho. Estoy muy agradecida de tener la posibilidad de discutir y reflexionar tanto sobre estos temas en un espacio como el que se ha creado, pero también de poder hacerlo con otras mujeres jóvenes tras tantos años de ausencia de sororidad. Espero poder seguir aportando desde ese frente, en la medida de mis posibilidades.

Tripulación de La Nave Invisible: dramatización pajaril.