jueves, 31 de diciembre de 2015

Mis historias destacadas de 2015



Ya he comentado antes, creo que en este mismo espacio, mi poco interés por los recuentos de fin de año, sobre todo aquellos que gustan de listar lo mejor de alguna disciplina o medio. La verdad es que no me gustan las listas. Me suenan a contenido predigerido y perfectamente optimizado tanto para los buscadores web como para el lector virtual promedio, que colapsa si le ponen demasiado texto sin más organización que una redacción mínimamente competente y grandes bloques de párrafos. Otra cosa que no me agrada es la habitual reiteración de valoraciones sobre obras que, probablemente, sean ya muy conocidas por parte público objetivo, homogeneizando visiones. En otras palabras, me parece que las listas de lo mejor de determinado año no suelen ayudar realmente al lector a conocer nuevos trabajos o la impresión personal del autor del sitio que publica la suya.

Paradójicamente, hace unas semanas tres sitios distintos me ofrecieron participar para entregar algunas palabras sobre mi GOTY 2015 (Game of the Year) o juego destacado, a fin de confeccionar sendas listas a partir de la aportación de diversos colaboradores. Y lo cierto es que, a pesar de tener que esforzarme para escribir tres textos distintos sobre el mismo videojuego, lo pasé bastante bien. Leyendo además los textos de mis pares, logré sentirme a gusto al toparme al fin con lo que esperaba: títulos de los que no sabía nada y muestras de prosa que conseguían transmitirme las sensaciones de los jugadores que los habían elegido. Esto coincidió con mis hallazgos de los listados de libros de algunos autores/lectores españoles que sigo, que me parecieron bastante interesantes en sus enfoques, y aun cálidos en la forma en la que conectaban estas lecturas con sus experiencias personales. 

Puesto que este año en particular me resultó muy feliz en cuando a descubrimientos, me pregunté por qué no animarme a realizar una lista con algunas de las historias que más llegué a disfrutar, inspirada en el ánimo humilde y apasionado de estas personas que se motivaron a hacer lo propio. Y ya que me encuentro en una fase más bien flexible respecto al blog (y, quizá, a mi vida), me vino la idea de incluir tanto obras literarias convencionales como novelas gráficas, películas de animación y videojuegos. Y sí: no necesariamente de Fantasía, aunque naturalmente ésta sigue llevando la nota predominante.

Mi motivación principal para hacer este listado no es más que una justificación para dedicarle unas líneas a estas historias, a modo de agradecimiento por lo que han significado para mí en este año. No creo que vaya a escribir por extenso sobre cada una en este blog, al menos no a mediano plazo, así que esta será mi única oportunidad para compartir algunas de mis impresiones sobre ellas con los esporádicos lectores de Tierra de Fay, pero ante todo para recordarme a mí misma lo mucho que me gustaron y lo necesario que me resultará volver a ellas eventualmente.
Así que allá voy.

Ficción


Reyes de aire y agua

Jesús Fernández Lozano


Esta obra fue una suerte de revelación para mí: no estamos solos. Hay gente hispana que entiende lo que es la Fantasía, y la escribe desde ese rincón que es en realidad un mundo entero, perdido, capaz de restablecerse con un puñado de palabras bella y sinceramente dispuestas.

Reyes de aire y agua es una compilación de cuentos que no tiene nada que ver con los rótulos de literatura de género. No es ese típico y horroroso combinado de fantasíaterrorcienciaficción tan de moda en varias antologías, pero tampoco esa cancina agrupación de “literatura fantástica”, en la que lo mismo encontraríamos energúmenos chtullescos como seudo hadas o dragones o Dios sabe qué elemento superficial más. Reyes de aire y agua es una compilación de cuentos de hadas, pero no en la línea de las reescrituras promedio de Perrault, sino en la de la fantasía feérica.

¿Se dan cuenta de todas las estéticas de las que he tenido que apartar esta obra para caracterizarla? Pues eso evidencia cuán escasas son las historias que amo en los escritores contemporáneos que escriben en español. Descubrir los cuentos de Jesús Fernández, gracias al regalo de Gabriella Campbell, fue casi un milagro. Los he gozado como esa niña que descubrió la tristeza, pero a la vez como la adulta que redescubrió la esperanza. Hay una dicha y una melancolía muy grande en estas narraciones, conseguida a través de una prosa poética tan elegante como desbordaba en esa belleza que ya rara vez se ve en la Fantasía. 

Y no solo eso: es una prosa escrita originalmente en español. Ninguna traducción a nuestro idioma podría alcanzar ese matiz. Español ibérico además; no veremos una cadencia y una estructura gramatical semejante en nuestro continente, porque nosotros no hablamos ni escribimos así. Eso no está ni bien ni mal (es), pero encontrarme con esta prosa me causó un curioso efecto de nostalgia por una antigüedad que es también parte de nuestra identidad: la herencia española. Para alguien que siempre ha sentido que ese efecto solo era posible desde el inglés británico, esta maravilla lingüística también integra la felicidad de mi hallazgo. Mi lengua materna puede lograr esto. Y yo al fin puedo leerlo sin perderme ningún matiz de significado.

Descubrir esta obra también me ha permitido conocer a una persona más con la que puedo hablar de cosas importantes sobre las historias y la Fantasía. Porque la ficción que escribimos es también un puente, a su modo. Una botella arrojada al mar de la vida.


Mara y Dann

Doris Lessing


Doris Lessing es una Premio Nobel. Como tal, uno se esperaría cierto perfil estético en sus obras, pero ¡oh, sorpresa! En su serie de Mara y Dann, compuesta por dos libros, aborda la ciencia ficción ucrónica y el relato tradicional inspirado en la búsqueda arquetípica de dos hermanos para llegar a la Tierra Prometida. En este caso, la historia se ambienta en una era pos apocalíptica en el continente de África, sometido por la sequía y el hambruna. Dos hermanos, una niña y un niño, comienzan a vivir tempranamente todo tipo de peripecias tras ser raptados, siendo su mayor preocupación sobrevivir y mantenerse unidos.

Con el tiempo, la única opción se revela bajo la forma de un viaje: deben subir al norte del continente, donde la era glacial se ha desatado. Desde entonces, el lector es testigo de las mil y un penurias de la joven Mara con tal de proteger a su hermano menor (cada año más irresponsable y vulgar) y llegar con él a este esperado remanso de paz.

Mara y Dann es un libro maravillosamente entretenido, pero denso y angustiante. Me recuerda a aquellos animé viejos que presentaban las desgracias de sus protagonistas infantiles y que nos estremecían tanto que a veces preferíamos apagar la televisión. Pero esto está lejos del melodrama, gracias a la sólida y elegante prosa de Lessing, exquisitamente descriptiva sin sacrificar el ritmo necesario en semejante peregrinaje. Gracias a su talento, es posible percibir gradualmente cómo los protagonistas van avanzando poco a poco por esta nueva África, pues el paisaje va cambiando sutilmente junto con su paso. 

En ese sentido, creo que es una de las mejores narraciones ficcionales de viajes que he leído, porque logra transmitir muy bien las dificultades de un desplazamiento constante en condiciones muy adversas. ¡Incluso se incluye un mapa! Uno que quizá, por su simpleza, despertaría la burla de los escritores de fantasía épica, preocupados por diseñar elaborados trazados con muchos elementos. Pero lo cierto es que su aparición es casi anecdótica: Lessing escribe tan bien que no lo necesitas para percibir este progreso en el viaje. Su consulta, en mi caso, fue sólo para constatar lo mucho que llevaba acompañando a sus protagonistas.

Llegué a encariñarme mucho con Mara y su tesón para seguir adelante. Hacía muchísimo tiempo que no leía una historia de aventuras tan deliciosa como ésta, despertándome esa añoranza por retomarlas en mis propios proyectos. Quizá qué nos habría entregado Lessing de haber escrito Fantasía... Ya no lo sabremos, pero créanme que en Mara y Dann hallarán bastante de muchas cosas que disfrutamos en esta estética.


No ficción


¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

Jeanette Winterson


A pesar de lo reciente de su lectura, me atrevería ya a denominar este libro como uno de mis favoritos. A Winterson la conocí por una obra de ficción, La niña del faro, que me fascinó por la forma en la que abordada algunos de mis temas preferidos con una prosa deliciosa. Tras averiguar más de la autora, logré dar por casualidad con sus memorias, y las compré a ciegas. Me esperaba una biografía más o menos al uso, con algunas anécdotas memorables o comentarios sobre la inspiración para algunos de sus trabajos más emblemáticos, pero me encontré con algo muy distinto: un texto urgente y bellísimo, un intento por narrarse a sí misma casi como el acto de detenerse a anudarse los cordones de los zapatos antes de seguir adelante. 

Winterson vive por y para las historias, porque éstas le salvaron la vida. Sí: nada de regodeos o cobardías tipo “el arte no salva a nadie”. Winterson es demasiado intensa para ese tipo de intelectualismos, a pesar de ser una escritora bastante bien considerada por la crítica y la academia, catalogada incluso como autora posmodernista. Pero ni ella ni sus historias están desintegradas. Sus estructuras son fragmentarias, incluso la de esta biografía, pero porque no puede ser de otra forma. Cada fragmento, en su vocación de unidad, parece estar concebido como parte de un rompecabezas de sentido mayor. 

Como sorpresa, puedo decir que esta obra presenta bastante más aspectos propios de la Fantasía que muchas obras de género. Hay alusiones directas, por supuesto (punto aparte su magnífico análisis de lo pequeño y lo grande en los cuentos de hadas, así como su noción del portal), pero es el espíritu que yace a lo largo de todo el texto lo realmente relevante. 

Y es que Winterson no es una cínica ni una nihilista: ella cree en el poder catártico de la palabra. La forma en la que narra su propia vida da fe de ello: la niña insurrecta e incapaz de ser dominada por su autoritaria y religiosa madre adoptiva; la chiquilla que encuentra en los libros una saliente desde la que asirse; la muchacha que descubre su atracción romántica y sexual por otras mujeres; la joven que consigue ingresar a Oxford y la fama por su primera novela, autobiográfica en el despertar de su sexualidad; y la adulta que, muchos años después, se encuentra con la necesidad de dar con su verdadero origen.

Esto es una biografía, sí, pero Winterson la dispone de modo que la convierte en una historia sobre la búsqueda de su identidad y de su relación con su madre. Siendo éste un tipo de historia fatal en mí, debo decir que rara vez he leído alguien que la escriba de una forma tan bella, intensa y emocionante como esta autora. Asimismo, una vez que emprende el viaje para dar con su madre biológica, logra otro tipo de sensaciones, pero igualmente bellas.

Me considero afortunada tras haber acompañado a la autora en esta búsqueda, desde las palabras con las que la escribió. Y muy afortunada también por el hecho de que haya decidido compartir este fragmento de su vida con los lectores. Creo que ahora entiendo mejor algunas cosas de mi propia vida, quizá porque Winterson me ha ayudado a recordarlas o a verlas desde otra mirada.


Cine


Song of the Sea

Cartoon Saloon


Esta historia (2014) se parece brutalmente a la de mi novela La niña que salió en busca del mar (2013). Por lo mismo podría sonar pretenciosa mi confesión de lo mucho que me ha gustado, pero hago el alcance que ese deleite estriba en su superior narrativa respecto a temas que me hieren y desde los que siempre escribo: la búsqueda de la maravilla en un mundo que la ha olvidado, la madre ausente, la memoria del océano.

Song of the Sea es hermosa en diversos niveles. Mucho de su imaginario se basa en el folclor irlandés, pero pronto logra desmarcarse de estas filiaciones culturales para alcanzar una patria distinta: Faërie. La naturaleza dual de la pequeña Saoirse es una suerte de paralelo con el mundo de la historia, una época contemporánea en la que sin embargo la Fantasía aún late, entre sus recovecos. El viaje de la niña y su hermano Ben es, así, un viaje no sólo para aceptar la existencia de Faërie, sino también, como no podía ser de otra forma, uno para alcanzar la eucatástrofe.

Una última nota personal: vi esta película en una sesión especial. Hacia el final, en el canto del clímax, los subtítulos expusieron más o menos el siguiente mensaje: “ni lo cotidiano puede vencer la memoria de lo Antiguo”. Esas palabras me reventaron. Para mí, esas pocas palabras son esta historia: su mensaje, su sentido, su importancia. La Nota de Faërie. Pero al llegar a casa y buscar la letra de la canción, no pude dar con ellas. Incluso consulté algunas grabaciones piratas, pero tampoco las encontré. 

Por supuesto, el sentido común me dice que probablemente se haya tratado de un error de traducción que no pide pillar en los otros sets de subtítulos, pero qué cosa más aburrida traer el sentido común a experiencias como éstas. Prefiero pensar que ese mensaje sólo existió en ese momento, para nosotros (mi acompañante y yo). Aún hoy vuelvo sobre las palabras y las siento como un pequeño regalo personal, cuya relevancia aún no termino de desentrañar.


When Marnie Was There

Studio Ghibli


Comenzaré así: la novela homónima en la que está basada esta película de Ghibli es una de las mejores novelas juveniles que he leído en la vida. Según la crítica, esta adaptación no sólo estaba bastante lejos de conseguir esa belleza, sino también del nivel esperado de este estudio, pero en realidad no me importó mucho y llegué a disfrutarla bastante, a su modo.

No está exenta de problemas narrativos, y algunos de los cambios de imaginario y ambientación para orientalizarla se han de sentir forzados incluso en el caso de los espectadores que no hayan leído el libro, pero algo tiene esta película que me ha conmovido. El problema es que no estoy muy segura de qué es. 

Ahora, mientras lo pienso detenidamente para escribir esto, creo que es la forma en la que se ha representado la amistad entre Ana y Marnie, las protagonistas. Hay una conexión muy, muy física, con abrazos, caricias e intimidades, que en su momento hizo pensar a la gente que se trataría de una embrionaria atracción lésbica. Quienes leímos el libro podemos afirmar que no es eso. Pero aunque esta inclusión resulte extraña, a mí me ha parecido tiernísima. Siento que exhibe un tipo de vínculo femenino que yo nunca llegué a vivir, pero que aún está presente en algunas niñas preadolescentes. Algo que me hace recordar la desolación que significa no haber tenido nunca una amiga así, y la convicción de que ya no la tendré y de que sólo podré acceder a ella desde la ficción que pueda. 

La Ana de Ghibli resulta mucho más concreta en relación con la de la novela, aun cuando se hayan sacrificado muchos aspectos significativos de ésta última. El aspecto levemente andrógino de la protagonista de la película, sumado a su vocación artística y la peculiar inestabilidad de su carácter consiguen preservar la idea original, pero con sus propios matices: la niña extremadamente sensible y solitaria que busca su lugar en el mundo. (¿A qué me suena eso…?)

Me resulta difícil hablar más de la película sin llegar a hacerlo también de la novela, develando aspectos vitales de su argumento. Si aún no han visto aquélla, traten de leer el libro primero, que es superior. Sería un ejercicio intelectual muy entretenido comparar ambas historias, en sus similitudes y cambios. Sin embargo, no me he animado a hacerlo aún. ¿Por qué? De eso tampoco estoy segura. Sólo sé que ya no puedo desprenderme de la imagina de Ana como esa chiquilla enjuta de pelo corto que bocetea la efigie de Marnie… y que eso, curiosamente, no me molesta en lo absoluto.

Videojuegos

Undertale

tobyfox


Undertale es el videojuego del que llegué a escribir tres veces, y me sigo sintiendo en deuda. Para introducir brevemente el porqué, solo puedo decir algo: no sentía esta sensación maravillosa de estar ante un RPG magnífico, un futuro clásico, desde cuando terminé Mother 3, hace cerca de siete años. 

Undertale es, probablemente, el fenómeno indie de la temporada, ganándose tanto el beneplácito generalizado de la comunidad como de la crítica. En lo que a mí respecta, con él llegué a reírme a carcajadas y luchar en medio de lagrimones. Es una historia intensa y tremendamente emotiva, pero a la vez trufada de anécdotas y guiños de sorprendente ingenuidad y respeto por sus referentes. Si pudiera condensar parte de mis impresiones sobre el juego, creo que usaría la palabra amor, y sin miedo. Historias como ésta te recuerdan que es justo ese miedo o ese desprecio a lo importante, que hoy permean con tanto éxito la ficción en la industria del entretenimiento, algo a lo que atender críticamente. Undertale está lleno de amor, tanto en su ética (su premisa) como en su estética (el homenaje rendido por su creador a los juegos y la cultura que ama), y la forma en la que plantea esto ha resultado a la vez bellísima y de notable progreso en nuestras concepciones sobre los RPGs convencionales.

Sobre su mecánica y su narrativa, me he referido ya en Akihabara Blues y Start Videojuegos; sobre su posible concepción como historia de Fantasía (sí), en Deus Ex Machina.

Lost Constellation

Infinite Fall


Este juego, spin off del esperado Night in the Woods, me supuso una agradable sorpresa. Me esperaba una breve experiencia relacionada con el imaginario de aquel juego, pero me encontré con una historia prácticamente autónoma, tan inquieta como solemne. 

Es ésta una narración que se presenta enmarcada en el universo de Night in the Woods: Mae, personaje principal de este juego, es aquí una niña que le pide a su abuelo que le cuente una historia de fantasmas, a propósito de la festividad de la noche más larga. Pero aquello que podría parecer un mero relato de terror, con sobresaltos y bestias ocultos, se convierte enseguida en una búsqueda muy íntima y reposada de Adina, la astrónoma protagonista que se interna en un laberíntico bosque en busca de una amistad perdida.

No es ésta una historia de terror, sino sobre la muerte y la persistencia de la memoria como mecanismo de supervivencia. Adina no sólo debe sobreponerse a la maldición que pesa en quien se atreva a extraviarse en la arboleda nevada, sino también a la intensidad de los espíritus que yacen penando en sus alrededores, sin poder entregarse al descanso definitivo. 

Es éste un juego en donde las voces de los muertos dejan de ser atemorizantes para volverse infinitamente tristes, pero sólo porque se han quedado estancadas en ese bosque de nadie que no es ni la vida ni la muerte. Este juego nos permite tener presente que todos hemos de morir alguna vez, incluso, quizá, los propios dioses. Pero, sobre todo, que a veces basta el amor sincero de un amigo que se atreve a emprender un viaje como éste sólo con tal de recordarnos para alcanzar un retazo de eternidad.

Novela gráfica


I Kill Giants

Joe Kelly & J.M Ken Nimura


No suelo leer novelas gráficas: el formato se me agota pronto y termino aburriéndome. Me gusta leer texto y la narrativa gráfica tiene muy poco de él; qué le voy a hacer. Algunas obras que he llegado a leer me han gustado mucho, pero con reservas. Puedo admirarlas intelectualmente, pero mi corazón permanece impasible. I Kill Giants es una de las pocas obras de este tipo que han conseguido conmoverme, y por ello la incluyo aquí.

Quien mata gigantes es una preadolescente de carácter enérgico y muy friki con una vida muy complicada: sufre de matonaje en su colegio y las cosas no andan nada de bien en su familia. Anda, ¡eso también me suena parecido! Pero a diferencia de mi yo juvenil, Barbara es bastante conflictiva y no duda en enfrentarse a quien sea que se ponga en su camino (sí, incluida la matona. A golpes). Es una matagigantes, después de todo, ¿no?

He aquí que se presenta lo interesante en esta historia: la relación de Barbara con el reino de la imaginación. La niña cree en la fantasía y trata de vivir su vida según esta fe. Ve algunas criaturas feéricas, conoce de los peligros de la maravilla y trata de entrenarse para ser una rival competente para los gigantes. Por supuesto, nuestro vulgar mundo real no le da cabida a alguien así. Para la sociedad, Barbara es una muchacha consumida por lo “fantasioso”, que lo emplea para eludir sus problemas reales. ¿A qué nos suena eso? Ah, sí: al viejo problema del escapismo, pero también a la estupidez humana que le tiene un pavor inmenso a la imaginación y sus pliegues. Lo cierto es que la imaginación en Barbara no es una huida, sino su forma particular de lidiar con sus verdaderos problemas, los que intuimos tan grandes en el transcurso de la narración que sabemos que nadie podrá ayudarnos, ni siquiera aquellas personas gentiles que nos ofrecen con sinceridad su amistad. Son de esas cosas que debemos vencer a solas y para las que nos debemos preparar. Sí, como si fuéramos a enfrentarnos a un gigante.

En realidad, Barbara está muy consciente de que no puede ganarle a aquel otro rival que está a punto de llevarse algo que ella ama, porque éste no es un gigante. Los gigantes se pueden derrotar. Pero eso no significa que no vaya a enfrentarse a uno en su viaje personal, y que ese enfrentamiento vaya a ser en vano o factible de interpretarse en el farragoso y simplón terreno de lo alegórico. Barbara es una luchadora de Faërie, con tooooodos sus defectos y cobardías a cuestas: esa es la gracia. Y su victoria como tal es lo que le permitirá encontrar la paz ante la pérdida que, como reverso, le espera inevitablemente.

¿Qué más decir de I Kill Giants? Me hubiera gustado que Barbara hubiera sido mi amiga de joven: habríamos luchado juntas. Y, de haber existido su historia mucho antes, cuando yo tenía alrededor de su edad, podría haber encontrado la fuerza suficiente para no haber cometido el mismo error que ella estuvo a punto de cometer. Ya no puedo remediarlo, pero ahí está la Fantasía para consolarme y hacerme entender lo que pasó. Y, quizá, para ayudarme a impedir cometer ese error otra vez. Porque para eso, también, existe la imaginación.




Con esto doy fin a mi recuento personal de historias destacadas de este 2015 del que ya no queda nada. Felices fiestas a quienes hayan seguido pasando por aquí, y a quienes llegaron hace poco, pero se han mantenido fieles en su interés. 

Un agradecimiento especial a quienes se quedaron conmigo hasta el final. Espero poder seguir compartiendo historias como éstas con ustedes, en la quietud animada entre tazas de té y latas de cerveza, o en el rinconcito despersonalizado pero tan intenso de las palabras que surcan Internet. Se los quiere y se los admire. Hasta 2016.