sábado, 19 de abril de 2014

Columna: The Life and Times of Scrooge McDuck o la humanidad de Tío Rico

En tanto personaje de Disney, hay mucho prejuicio en torno a Tío Rico como emblema del capitalismo. Pero ¿qué se esconde tras esta superficie? Las obras de Don Rosa y de Tuomas Holopainen recrean la historia de Tío Rico, convirtiendo su vida en una narración humana y significativa.

Quiero comenzar este texto aclarando que aquello de lo que voy a hablar a continuación no tiene mucho que ver, a simple vista, con el perfil de este blog. ¿Pero saben qué? No me importa en lo absoluto. Prefiero escribir aquí sobre historias que no puedan vincularse inmediatamente a la Fantasía pero que sí reflejen su esencia última, a terminar llenándome la boca (o los dedos) de cosas que tengan algunos elementos fácilmente reconocibles pero que sean vanas y mediocres. Falsas.

Escribir sobre esto para mí es una necesidad y un compromiso. Por ello, este texto volverá a mostrarse íntimo y personal en sus palabras, así como extraordinariamente extenso. En esta oportunidad no deseo fragmentarlo en varias partes como he hecho con otras entradas: el que quiera leerlo entero, puede hacerlo hoy u otro día. Y si nadie quiere leerlo está bien: este es mi viaje y lo comparto para brindarle a alguien la oportunidad de viajar conmigo también y compartir a su vez sus propias experiencias, si lo desea.

Esto sobre lo que voy a escribir es algo que se conecta con un recuerdo de mi infancia y que ahora, luego de muchísimo tiempo, ha despertado y revelado una dimensión que jamás imaginé por esos años.  Estoy hablando de una historia que cuenta la vida de un personaje mundialmente conocido: Scrooge McDuck (Tío Rico o Rico McPato en Latinoamérica) y de dos creaciones que me impactaron muchísimo por la forma en la que la cuentan. Me refiero a The Life and Times of Scrooge McDuck, obra del dibujante de cómics Don Rosa, y Music Inspired by The Life and Times of Scrooge, álbum concebido como banda sonora no oficial para este trabajo, compuesto por Tuomas Holopainen, líder de Nightwish.

La niña que leía historietas de Disney y soñaba sus propias historias

Disney: una palabra casi prescrita hoy para quienes tratan de posar de inteligentes. Que los trabajos de la compañía son un reflejo de concepciones de género y sociales reprochables, que la marca en sí misma, material e ideológicamente, puede asociarse al colonialismo o al capitalismo, que las obras antiguas son demasiado pueriles y las más recientes demasiado sexualizadas o imbéciles… O sea, refritos de las ideas lobotomizadas del lamentable Para leer al Pato Donald, un panfleto político dedicado a demostrar que Disney, al igual que sus historias y personajes, son los responsables de los grandes males de nuestra sociedad etcétera.

Ante esto, me pregunto sinceramente si alguien recordará alguna vez que el nombre de esta empresa es el apellido de uno de los creadores más relevantes que haya conocido el mundo, más allá de lo que pueda achacársele como persona, y que tras su sello trabajaron numerosos creadores que siguieron su senda estética.

A mí me gusta bastante Disney en tanto compañía creativa, sobre todo en su faceta más clásica, la que trabajaba con historias que importaban y no con marcas comerciales como anécdotas adolescentes serializadas. Últimamente, me han gustado sus obras más recientes, que han añadido interesantes vueltas de tuerca al imaginario popular de la empresa. Por supuesto, esta es la visión de una adulta: de niña me daba exactamente lo mismo tener que justificar que me gustaban las historias Disney. No andaba buscando concepciones de género que cuestionar ni mensajes ideológicos encubiertos ni nada eso: me compraban mis revistas de monitos y leía para entretenerme. Entre ellas, naturalmente, había muchas sobre el universo clásico de Disney.

Pertenezco a la generación de quienes crecimos en una fase de transición entre la sociedad de antes y la globalizada, con un despliegue tecnológico cada vez mayor y angustiante. A los niños se les compraban juguetes, revistas de dibujos animados o, a lo más, videojuegos con corazón, no celulares o tablets. A mí me compraban sobre todo los dos primeros, y en especial las revistas, que eran más baratas: Variedades, Disneylandia, Mickey Mouse, El Pato Donald y mi máxima favorita: Chip & Dale, Comando de Rescate. Las primeras historias que despertaron en mí, a mis cuatro años, el acto de crear mis propias ficciones, a modo de fanfics mentales mientras corría en círculos (por cierto, aún corro en círculos de vez en cuando pensando en historias que nunca escribiré, y lo haré hasta que me muera).

Con todo, ya por esos días la calidad narrativa general de las revistas había empezado a decrecer bastante. Aún recuerdo mi decepción infantil al descubrir de pronto que la genial Comando de Rescate había vuelto a las más ingenuas Chip & Dale; desde siempre me sentí mucho más inclinada a la narrativa antes que a la anécdota humorística e irrelevante. Por lo mismo, las revistas que más leía y releía de Disney no solían ser las que me compraban, sino las que mi familia tenía como un tesoro olvidado en casa, pertenecientes a mi madre y a mi tía, y que se habían editado en los años 70’ y 80’. Esas historias eran una pequeña maravilla para quien sabía leer desde antes de los cuatro años y ya no se sentía desafiada por las adaptaciones de cuentos infantiles, pero que aún se dejaba intimidar por la extensión de obras como "Los cisnes salvajes" de Andersen. 

Había muchísima narrativa en cada viñeta, tanto en términos textuales como visuales. Estoy segura de que si hoy tuviera en mis manos una de esas revistas otra vez (los ejemplares desaparecieron inexplicablemente, como tantas cosas importantes en mi vida), recordaría cada una de esas historias y los paneles que las contaban. Recuerdo con especial maravilla una historia de Tío Rico y la psicoflama, que expresaba sus deseos reprimidos, por ser la única que leí en que los Chicos Malos ganaban y se quedaban con el dinero. También, una que explica cómo la inocente presencia de los patos en una sociedad medio oriental que desconocía hasta entonces el dinero se aniquilaba moralmente al descubrir conceptos como la ambición o la riqueza. En fin: podría seguir, pero con esas dos bastan. 

Patolandia y sus habitantes, con todas sus gracias y miserias (que las habían), fueron parte importante de mi infancia y nutrieron a su modo mi imaginario. No estoy segura si realmente podría considerársele como Fantasía, porque la mayor parte de ellas se basaba en personajes animales antropomorfos que vivían en entornos urbanos contemporáneos de la época, más o menos identificables con locaciones reales. Sin embargo, también cabía en estos universos las más diversas aventuras y quiebres propios de lo fantástico y la ciencia ficción. Por último, en estas historias había de todo, desde el humor más ingenioso hasta las escenas más chocantes y reflexivas. Como sea, fueron ficciones cuya lectura en mi más temprana infancia me ayudaron a ser quien soy hoy, para bien y para mal.

Este recorrido íntimo a lo largo de esos años es para contextualizar mi postura y cercanía emocional ante las historias de Disney y de un personaje en particular como Rico MacPato. Al enterarme de que Tuomas estaba trabajando en una rendición creativa personal sobre la obra de Don Rosa, me entusiasmé mucho. Creo que Tuomas es un gran compositor y me siento especialmente cercana al imaginario estético que ha venido plasmando en sus canciones para Nightwish. Tras leer la biografía oficial del grupo, además, tenía claro que en su infancia había disfrutado de las historietas de Disney con tanto o más pasión que yo. Talento, visión, sinceridad y corazón: era todo lo que podía pensar que necesitaba alguien como él para crear una obra trascendente.

Y, por supuesto, emulando la misma actitud que había tenido hace más de diez años cuando descubrí El Señor de los Anillos por un tráiler de la primera película (sí) y me propuse a mí misma leerme todos los libros antes de verla, aquí me propuse leerme el libro de Don Rosa antes de que se lanzara el disco. Así fue como me encontré con una obra que me impactó a un nivel que me cuesta explicar. Me dediqué a buscar más y más información sobre los aspectos de su creación, que ahora comparto para ir acotando cada vez más esta contextualización hacia lo que en verdad nos importa: esta historia.


Aquellos, los que dibujaban patos


Don Rosa es un dibujante de Disney, hoy retirado, que se especializó en la ilustración de historietas sobre la familia Duck (en especial, Donald Duck y Scrooge McDuck). Es considerado popularmente como el mejor autor en esa línea, luego del difunto Carl Barks, creador del propio Scrooge y reconocido como uno de los grandes genios de las caricaturas por su personal estilo de dibujo, así como la profundidad y calidad de sus narraciones. De hecho, por lo general las historietas de Disney se presentan de manera anónima a los lectores, pero se cuenta que estos mismos fueron identificando una impronta particular en determinadas historias y que así fue como se identificó a Barks.

Se podría considerar a Rosa como un discípulo de Barks, pues constantemente ha confesado que vio en él una figura de inspiración para sus propios trabajos. De hecho, las obras más relevantes de Rosa en el área se basan en mundos y personajes que creó Barks, pero concebidas a través de su estilo personal, procurando mantenerse fiel al perfil original de estos y explotando sus potencialidades. Esta admiración es una clara demostración de que, en la gente de verdadero talento, no existe la presión por la influencia del maestro ni la estúpida ambición de “superarlo” o subvertirlo (casi siempre, moralmente), sino sólo en contar la propia historia, honrando las de quienes inspiraron semejante destino.

No deja de ser interesante, de todos modos, crear una obra como ésta a partir de personajes y narraciones ajenas y hacerlo apropiándose personalmente de la historia. Pero Rosa lo hizo. 

La obra consiste en una reescritura cohesionada y cronológica de los diversos episodios que Barks concibió o esbozó fragmentariamente en sus propios trabajos, a modo de raccontos o recuerdos generales de Scrooge sobre su juventud y sus peripecias rumbo a la adquisición de sus riquezas. En una encomiable labor de rastreo de estos aspectos, por muy superficiales que fuesen, Rosa logró trazar un mapa de referencias sobre las que trabajar. A partir de ellas, complementadas con una profunda investigación sobre el contexto histórico real para cada fecha y locación y múltiples referencias fílmicas para complementar la narrativa, Rosa contó su visión personal sobre la vida del personaje. Y lo hizo de una forma extraordinaria, entregando la que es probablemente una de las mejores obras en su género y una historia tan desgarradora como conmovedora, trufada de humor y dolor y esperanza, como la vida misma. 


La historia de un pato llamado Scrooge McDuck

I


I remember it as if it was yesterday.
My papa took me to see the ancestral home of our clan. […] 
In this sight of former glory, of ochre grass and bracken, sadness and hope, 
this is where I begin my story.


Contrario a lo que el restringido imaginario popular nos cuenta sobre el personaje, la verdad es que hay mucho que escarbar en su pasado y motivaciones. Uno de los méritos de esta obra es que, en su intención por narrar la vida de Scrooge desde su infancia a su vejez, nos va enseñando cómo su carácter va formándose a partir de las experiencias que le toca vivir y cómo, también, éste termina cayendo en actitudes y conductas reprochables hacia la última fase de su existencia, una vez alcanzada su meta de convertirse en uno de los más ricos del mundo. Quizá a muchos les basta con pensar en Scrooge como un pato miserable y capitalista, de un pésimo carácter y nulo sentido familiar, pero esta historia ahonda asimismo en la pregunta que todos debiéramos plantearlos al encontrarnos con alguien así: ¿Qué le hizo cambiar tanto?, ¿cuáles han sido sus vivencias y sentimientos a lo largo de los años, como para que ahora sea de esa forma?

Esta historia, en suma, parte de la premisa de mostrarnos la faceta más humana de Scrooge, para que podamos entenderlo de una manera muchísimo más compleja, estética y plena de sentido que como mera alegoría o símbolo de una ideología capitalista, como tanto le gusta a cierta gente cognitiva y emocionalmente limitada, que no tiene idea del destino de una historia.

Esta historia comienza cuando Scrooge McDuck tiene sólo diez años y su padre lo lleva a ver el hogar original del noble clan de los McDuck, de los cuales su propia familia, residente en Glasgow, es su empobrecida heredera. Fergus McDuck, sin embargo, tiene grandes esperanzas para su hijo mayor dado su carácter fuerte, así que le propone ser lustrabotas como apoyo económico familiar. En un plan secreto que tiene éxito en Scrooge, el padre le enseña indirectamente una gran lección de vida que cobra sentido gracias a la obtención del primer penique, su primer dinero obtenido gracias al trabajo duro y honrado. Scrooge continúa expandiendo su negocio, hasta que tiene la ocurrencia de viajar a Norteamérica a probar suerte… lo que finalmente consigue, con el dolor de separarse de sus padres y hermanas menores y el entusiasmo y el miedo de lo que supone marcharse a solas a otro continente.




Este primer capítulo es representado bellamente por la pista “Glasgow 1877” de Tuomas, con claras influencias escocesas y la narración del propio Scrooge al momento de introducir el inicio de su historia. La sensación que se desprende del tema da cuenta de los enigmáticos parajes que rodean la abandonada mansión McDuck, como testigo de un legado que ahora, casi literalmente, yace en harapos en sus últimos descendientes. Pero también de los sentimientos de maravilla y frustración del pequeño Scrooge al ver que su familia ha sido expulsada de esos terrenos que le pertenecerían por derecho propio y que ninguno de sus integrantes tiene la fuerza suficiente como para enfrentarse a ello. Los compases finales de piano parecen señalarnos al mismo tiempo el esfuerzo de nuestro protagonista por ayudar a su gente y su posterior decisión de buscar su destino muy, muy lejos de su hogar… con la esperanza de volver algún día.

A partir de este viaje, veremos a Scrooge abocado a un sinnúmero de oficios y negocios, todos ellos riesgosos tanto por los peligros naturales de semejantes tareas como por la traición, cobardía y mediocridad de muchas personas (prestamistas, forajidos, ladrones y exploradores, entre muchos otros) que pretenden conseguir sus objetivos aniquilando o aprovechándose del esfuerzo ajeno. En sus primeras aventuras, es casi una constante que Scrooge parezca al fin haberse establecido, justo para que algo ocurra y se desbaraten sus planes o quede en desventaja frente a sus deshonestos competidores, pero nuestro protagonista nunca se rinde: el contacto de su primer centavo, sus recuerdos sobre su familia y la convicción en su propio destino lo ayudan a seguir adelante. 

II


Far, far into the night 
your calling guided you. 
Far, far across the dark 
horizon filled with red


De Escocia a Estados Unidos, pasando por Canadá e incluso por África, Scrooge se muestra siempre dispuesto a aceptar el desafío del negocio de turno, en conflictos fielmente contextualizados por la labor de investigación histórica que realiza Rosa. Musicalmente, Tuomas hace un gran trabajo al recoger las influencias sonoras de esas zonas para ambientar las peripecias del pato, ya sea en las intrépidas sonoridades del banjo en “Into the West”, que rememoran los esfuerzos de Scrooge para montar a caballo, o el sabor tribal de “Dreamtime”, que en su aire onírico representa con gran fidelidad el trance que vive el protagonista y que anticipa de manera casi mítica sus futuras aventuras con sus sobrinos.




Todas estas experiencias le permiten ir comprendiendo al personaje que el camino al éxito está poblado de fracasos y de gente que, por alguna u otra razón, legítima o no, siempre va a estar más adelante y con más ventajas que uno. Sin embargo, este largo recorrido también le permite conocer personas que se convierten en breves compañías y que le brindan su apoyo en numerosos episodios, aunque jamás por mucho tiempo. Scrooge, en el fondo, es un pato solitario y desconfiando, que para entonces ha consagrado su vida a un solo sueño: tener éxito en plena fiebre del oro y dar con el filón necesario… 

III


O Me! O Life! Here in the wild 
nothing but two cold Klondike hearts


Ahora bien, no es sino esta condición solitaria lo que hace más interesante su curiosa relación con Goldie O’Gilt, que se convierte en una suerte de amor prohibido para el duro Scrooge. La atracción entre ambos es evidente, representando determinados modelos de masculinidad y femineidad basados en nociones culturales de otras épocas, sin duda, pero en lo absoluto caricaturizadas. Tuomas lo refleja muy bien con el tema “Cold Heart of the Klondike”, que a un tiempo expresa la dureza natural del entorno y de la etapa en que se encuentra Scrooge, pero asimismo la testarudez de ambos enamorados. La tensión creciente del tema, además, consigue representar la angustiante situación en que se encuentra el pato, desesperado por dar por fin con la fuente de su riqueza y a la vez urgido por sus sentimientos.

© Larocka84


Pero acaso las relaciones más profundas y conmovedoras son las que Scrooge mantiene con su familia y su tierra natal desde su partida hasta sus regresos temporales a Glasgow, primero para defender el honor de los McDuck en un duelo y luego para intentar volver a modo de hijo pródigo para su comunidad. Estos episodios, divididos entre el conflicto y el esparcimiento familiar, se ven reflejados por el tema “Duel & Cloudscape”, que es el único en presentar una sección identificable con el sentido del humor que permea buena parte de la historia y que, curiosamente, no desentona con la otra sección, de melodía e instrumentación mucho más épica. Bien, he nombrado un adjetivo prohibido para mí, sólo que aquí lo hago porque aparece redimido: Scrooge le hace justicia al honor de su clan, literalmente, con espada en mano, con la intervención sobrenatural de sus antepasados. Considerando el historial de los McDuck, esto no tiene nada que ver con los enfrentamientos pueriles y las salvaciones de mundo luchando contra un ser maligno u oscuro: es un duelo personal por la familia.




Hay que recordar ahora que, en un principio, la comunicación del jovencísimo Scrooge con sus padres y hermanas se limita a cartas cada vez más espaciadas a medida que va pasando el tiempo. El primer retorno del personaje, por otra parte, es elocuente en el sentido que supone su reencuentro con el legado que aparentemente había dejado atrás y con sus hermanas menores, a las que había dejado siendo ellas apenas unas niñas muy pequeñas. Pero sin duda el episodio más dramático en ese sentido tiene lugar en su segundo retorno, cuando Scrooge descubre hasta qué punto puede cambiar la percepción de una comunidad cuando alguien a quien consideraban parte de ella se ha desmarcado por sus propios méritos.

Nuestro protagonista se ve forzado a sufrir desde desvergonzadas peticiones hasta humillaciones y burlas, llegando a comprender que Glasgow ya ha dejado de su hogar. Este entendimiento cobra un sentido tan bello como doloroso gracias al genio narrativo de Rosa, pues lo une a la despedida definitiva de los padres del personaje, permitiéndole así desprenderse de sus últimas raíces y llevarse a sus ya crecidas hermanas a Norteamérica. Los compases calmos del piano en el tema “Goodbye, Papa” nos permiten rememorar ese sentimiento y abrazarlo como algo inevitable en la vida de todo ser vivo, incapaz de vencer a la muerte. Es así como escena de la despedida de Scrooge de su padre, sin ir más lejos, es probablemente uno de los momentos más emotivos y poéticos de esta historia, una demostración más, si es que para entonces no había quedado claro, que esta obra es mucho más que un mero compendio de historietas de humor. 




IV

Silent night, silent years 
The cold heart haunting still


A partir de este punto, podríamos entrar a hablar de una segunda parte en esta historia. La primera podría interpretarse como el progresivo crecimiento de Scrooge, a modo de una bildungsroman más o menos tradicional, en busca de su destino. Pero, una vez adquirida la riqueza tan anhelada, ¿qué más queda? Una maravillosa cita, extraída del momento exacto en que el protagonista se encuentra ante lo que podría ser al fin oro, da cuenta de esta vacilación:



Scrooge está consciente que toda su vida cambiará a partir de esto y sospecha que el sentido de su destino cobrará un nuevo rumbo. Por lo mismo, los siguientes episodios en la obra de Rosa se dedicarán a mostrar cómo Scrooge se encarga de lidiar con su nueva vida de magnate en ciernes, protegiendo obsesivamente el capital que tanto le ha costado amasar. Y aquí comienza el giro más interesante de la historia: la decadencia moral del personaje. Cuando has sacrificado o simplemente perdido tanto, cuando has sufrido el azote de la tristeza y la nostalgia junto al ramalazo del dolor y el cansancio físico, cuando has dejado huellas en tantas zonas del mundo sin jamás poder establecerte a salvo… ¿cómo esperar no desesperar?

En estos episodios asistimos con angustia a los actos más terribles que va cometiendo el hasta entonces casi intachable Scrooge, partiendo con los desaires hacia sus hermanas, que ya no pueden reconocer en él su bondad de antaño, y siguiendo con numerosas injusticias hacia comunidades inocentes. A pesar de que el remordimiento no es ajeno a esta etapa, siempre parece entrometerse algo relacionado al mundo financiero que aparta a Scrooge de la verdadera redención. Brillante es en ese sentido la forma en la que Rosa trabajó poéticamente el concepto de la consciencia, a partir de la creación de un curioso personaje cuya función narrativa recuerda muchísimo a la relación entre el doctor Frankenstein y la Criatura, en la novela de Mary Shelley.

El empleo del ritmo narrativo también resulta muy bien trabajado, avanzando muchísimos años en el tiempo para mostrar a un Scrooge avejentado y misántropo, hundido en su dinero y con un nulo aprecio por la humanidad en general. Es decir, una visión mucho más cercana al imaginario popular, sólo que ahora el lector entiende muy bien cómo ha sido que el personaje ha llegado a esa forma de ver el mundo. Tuomas lo expresa descarnadamente en el tema “To be rich”, que expone dramáticamente los reveses que ha significado la conclusión de un sueño de toda una vida en la vida de Scrooge.



V

Yet it isn't the gold that I'm wanting so much 
as just finding the gold.

Things we lost
The things we couldn't share, 
another rainbows end.
Another memory.


Hasta este capítulo, la historia podría considerarse como un realista y deprimente testimonio del efecto del dinero y, peor aún, de lo que pasa cuando convertimos nuestros sueños en realidad y nos sumergimos de lleno en ello, perdiendo el contacto con aquello que nos inspiró en primer lugar soñarlos: el amor a algo o alguien, el deseo de superarnos a nosotros mismos y por entrega a quienes amamos.

Pero, como siempre pasa en las historias verdaderamente importantes y necesarias, ésta no acaba aquí. 

Por fin entran en escena otros personajes de Patolandia que conocemos muy bien, Donald y sus sobrinos, y es así como asistimos a un conmovedor y maravilloso reencuentro con el corazón de Scrooge, por tantos años confinado. Es sólo entonces que el protagonista consigue reencontrarse a sí mismo con el verdadero sentido de su vida: no la riqueza por sí misma, sino lo que ella, en su visión ética particular, significó: esfuerzo, perseverancia, voluntad y honestidad. Como se menciona explícitamente en el canon de Barks, Scrooge descubre que cada moneda cuenta una historia sobre su existencia; con el tiempo él lograra rememorar buena parte de ella a partir de su sola contemplación. El valor del primer centavo reluce con especial significado: no es un centavo de la suerte, como suele pensarse, sino un símbolo y un memento personal que recuerda el costo del esfuerzo personal enfrentado a la mediocridad propia y ajena, inherente a los humanos (o patos).



A mi parecer, Tuomas condensó este descubrimiento y aceptación en el tema “The Last Sled”, que si bien cronológicamente debiera situarse antes, corresponde a una suerte de declaración de principios de Scrooge. Elocuente también es el lema en latín “Fortuna favet fortibus” (la Fortuna favorece a los valientes), porque simboliza todo el destino del personaje hasta entonces.


VI


Story of your life, time of solitude and strife,
freedom of an open road, hope and many miles to go.
Promises to keep, countless gold fields to reap.
To be rich is to seek, to relive a memory


Y en un desenlace absolutamente descollante, de esos que mueven al lector comprometido a las lágrimas, Rosa se permite condensar en una única imagen a página completa (un lujo para este género) todas nuestras concepciones sobre el personaje: desde los prejuicios hacia su forma de ser, expresados en los pensamientos de Donald, hasta un recorrido gráfico por las mayores aventuras del protagonista. La mirada que el autor imprime a Scrooge en este momento, acaso más incluso que el dibujo de sus recuerdos, es el cierre perfecto para una obra con tanta sinceridad como ésta.




Puede parecer que he contado aquí buena parte de la historia, pero nada más lejos de la realidad. La calidad narrativa de Rosa es tan impecable para el formato que ningún resumen glosado con interpretaciones personales como éste podría opacarla. Como lo he comentado, y como probablemente lo he evidenciado en este texto, The Life and Times of Scrooge McDuck es un trabajo narrativo sobresaliente que, aparentemente, tiene como público objetivo al infantil, pero que en realidad apela al público adulto que creció leyendo las historias del personaje y que quizá nunca tuvo oportunidad para conocer su verdadero pasado. 

Es ésta una historia altamente emotiva y melancólica, pero que nunca aparta del todo el sentido del humor, incluso en las últimas páginas. Más importante aún, es una historia que entrega esperanzas incluso en experiencias tan complejas y entendibles como el envilecimiento de alguien a causa de las penurias vividas constantemente por décadas enteras. En circunstancias en que otras historias similares se refocilarían en la amargura (y muchos la aplaudirían por eso), ésta va más allá, apostando por la redención y sinceridad. Y todo de una forma que no tiene nada de gratuita o de moralina.

Es cierto que la narración podría interpretarse como un llamado al esfuerzo y a la rectitud, pero trasciende esto, pues no evita las zonas más oscuras. Las cosas no suelen salir bien cuando eres recto, y muchas veces el esfuerzo personal no vale nada ante quienes tiene más poder o carisma (o dinero, de paso) que tú. Uno de los aspectos que más valoro personalmente es que la vida de Scrooge, contada por Rosa, nos advierte también los peligros que corremos cuando hemos sufrido demasiado en el camino por nuestros sueños; creo que no he leído otra historia que lo haya narrado con tanto desgarro como ésta. Siguiendo los principios de aplicabilidad de Tolkien, como lectora destaco en especial eso, de una obra llena de aspectos que destacar.

Ah, y Tuomas le da un cierre adicional a su disco, que ayuda a complementar lo anterior. Aunque no se trate de información canónica, se sabe que Scrooge falleció a los 100 años, en 1967. El último tema, “Go slowly now, sands of time”, entre citas al poema "Requiem" de R.L Stevenson y alusiones al Auld Lag Syne, se encarga de traernos una voz de un Scrooge cerca de su muerte que ruega por permanecer un rato más, por tener aún aventuras que recorrer… pero que a la vez está consciente de que debe partir ya a reunirse con sus ancestros… y a esas alturas, quienes conocemos la historia, no podemos sino pensar en cuánto merece estar a su lado.

Espero sinceramente que el álbum de Tuomas consiga acercar más gente a la obra, aun cuando supongo que serán muchos los que simplemente se dediquen a escucharlo o evaluarlo en función de música descontextualizada y que sus valoraciones tendrán insertos tan condescendientes e imbéciles como “a pesar de que hable de la vida de un pato…” o “no entiendo por qué Tuomas se inspiraría en una pendejada como Ducktales [sic]/un personaje de Disney”. Soy de la opinión de que ambas obras deben experimentarse juntas, y de que en especial nadie debería caer en la desfachatez de acercarse al disco sin conocer o apreciar la historia que lo inspiró. Ahora bien, tras mi lectura de The Life and times of Scrooge McDuck, recuerdo que lo que más hay en este mundo es desfachatez y gente que se cree con el derecho de opinar sobre cosas de las que no tienen idea (por ejemplo, la Fantasía). Pero, furia aparte —yo también tengo algo de Scrooge; ojalá fuera el valor—, desearía que este disco pudiera potenciar la experiencia y hacerle (re)descrubrir al lector esta historia. 

Conmigo lo hizo, y fue maravilloso. Es maravilloso cuando un creador le rinde honores de esta forma a una obra de otro creador: primero, Don Rosa a Carl Barks, y ahora Tuomas a Don Rosa. Es maravilloso porque te recuerda el sentido de crear y te hace sentir orgullo por tus verdaderos maestros, los que levantaron mundos enteros con sus historias, mundos que te ayudaron a sobrevivir, a decidir sobrevivir.

Como en cada caso de obra que me impacta poderosamente, me siento en la obligación de agradecer de corazón a estos dos creadores por su trabajo: a Don Rosa, por ayudarme a rememorar algunos de los escasos momentos felices de mi infancia y redescubrir estas historias, y a Tuomas, por darle una nueva dimensión a esta obra en particular y una nueva razón para amarla. ¡Gracias!

© Nuttylsa


Referencias

Rosa, Don. The Life and Times of Scrooge McDuck. California: BOOM! Studios, 2010. [Novela gráfica, Premio Eisner 1995]

Holopainen, Tuomas. Music Inspired byThe Life and Times of Scrooge. Göppingen: Nuclear Blast, 2014. [Álbum conceptual no autorizado]

* Nota: la mayoría de las ilustraciones de esta entrada pertenecen a la obra de Don Rosa, a excepción de algunos fan art, que han sido atribuidos a sus respectivos autores.