lunes, 16 de septiembre de 2013

Ensayo: Importancia de J.R.R. Tolkien como autor de Fantasía (I)

A propósito de los cuarenta años de la muerte de J.R.R Tolkien, sorprende que en Chile no se hagan lecturas literarias de su obra. En este ensayo de 2 partes, criticaré la lectura alegórica y lo analizaré como autor de Fantasía, valorando su importancia en mi formación.

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Hace ya varios días se cumplieron 40 años de la muerte de J.R.R Tolkien, considerado casi unánimemente como el padre de la Fantasía moderna para los entusiastas y estudiosos del género, y como EL autor de Fantasía para los legos.

A propósito de este acontecimiento, diversos espacios le dedicaron notas tanto a la figura de autor de Tolkien como a su vida personal, intentando en ocasiones algunos alcances interpretativos a su obra más reconocida, El Señor de los Anillos, originalmente concebida como una sola historia pero publicada en tres libros por criterios editoriales. Conviene recordar que la mayoría de estos sitios no es especialista ni en la Fantasía ni en literatura, de modo que sus artículos tienen un carácter más bien divulgativo, orientado a gente que probablemente sólo conoce el trabajo de Tolkien a través de las películas de Peter Jackson y que posee nociones muy sencillas de su historia e imaginario.

El propósito anterior, sin duda, me parece loable. Me parece también razonable esperar incoherencias o superficialidades en estos textos, pues el universo narrativo y personal de Tolkien es tan enorme como la propia Tierra Media. No ha de resultar fácil para nadie, ni siquiera un académico especializado en su obra o un lector avezado de Fantasía, realizar un análisis que al mismo tiempo sea comprensible para el lector casual y a la vez lo bastante profundo como para ahondar su esencia.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte me he venido encontrando con una tendencia que ya no me parece curiosa, sino hasta perjudicial para la comprensión de la Fantasía, sobre todo considerando este propósito de difusión al que me referí antes. Esta tendencia no es otra que la insistencia en leer la Fantasía, y en especial El Señor de los Anillos, bajo una interpretación alegórica. En otras palabras, leer estas obras no desde su especificidad estética, sino haciendo en ellas una lectura historicista o buscando en ellas paralelos socioculturales con nuestra propia realidad, principalmente basándose en la experiencia personal de Tolkien en la Primera Guerra Mundial, en sus visiones sobre la Segunda Guerra y en el análisis del conflicto de clases o los efectos de industralización.

Concuerdo en que existen múltiples formas de acercarse a una obra literaria y que todas pueden ser válidas en la medida en que sean bien respaldadas teórica y argumentalmente. Sin embargo, y al margen que personalmente considere que esos estudios nunca han sido fundamentados más allá que en la urgencia de sus autores para sostener sus antojadizas convicciones a toda costa, me encuentro con que se aprecia un incomprensible desinterés en leer a Tolkien como lo que es: un autor de FANTASÍA.

¿Por qué? Se me ocurren unas cuantas razones, todas entrelazadas de alguna forma entre sí. Las enumeraré a continuación:

1-. ¿Fantasía? ¿Qué es eso?

El desconocimiento generalizado hacia los rasgos constitutivos del género, tanto como esencia como estética literaria. 

2-. ¿Pero no que Fantasía y Ciencia Ficción forman parte de la literatura fantástica? ¿Ah?

La recurrente confusión entre Fantasía y Ciencia Ficción, las que a pesar de poder ser leídas y estudiadas en conjunto en una categoría mayor gracias a las características que comparten, presentan imaginarios que deben ser diferenciados. 

3-. ¿Fantasía? Ah, esos best sellers juveniles. Yo sólo leo a [inserte nombre de escritor “enredado”, de esos que se hacen leer en la universidad y que le encantan a los académicos por razones que ni ellos entienden]

El desinterés e ignorancia de académicos, principalmente en el ámbito hispánico, hacia la Fantasía como objeto de estudio desde la teoría literaria, acaso por la escasa calidad de las obras del género en español y por la predominancia estética y cultural de lo fantástico.

4-. ¿Fantasía? Bah, eso es para pendejos. Yo alucino con [inserte nombre de escritor de moda, probablemente publicado por Tusquets o Anagrama, o de escritor chileno cuya obra gira en torno a la dictadura y/o lo marginal]

El desinterés e ignorancia de parte del lector snob/callejero, que ve la Fantasía como un género menor, que no se atreve a experimentar formalmente con las estructuras para adecuarse a lo posmo, ni entrega una visión comprometida político-sociocultralmente.

En suma, podemos sintetizar estas razones en lo siguiente: las personas, en general, presentan una ignorancia tremenda hacia la Fantasía, lo que les hace anidar prejuicios hacia ella. La consecuencia de estos prejuicios provoca que, al verse enfrentadas de pronto a la lectura o comentario crítico de una obra del género, tengan que recurrir a interpretaciones que consideren más válidas.

¿La Fantasía es nos parece una cosa pendeja y escapista? Ya me imagino la reacción de algunos: «Entonces analicémosla desde un enfoque que demuestre que no es así, que tiene conexiones con nuestro mundo, perdón, con aquello que es más importante en nuestro mundo, las convenciones culturales, la política, la lucha de clases, las teorías de género y lo políticamente correcto. Si se ve un poco forzado, no importa; si a fin de cuentas un análisis literario aguanta cualquier cosa, ¿verdad? Teoría de la recepción, mijo': eso de que hay que considerar la orientación estética original del autor está out!».

El problema de esta forma de pensar es que no sólo se trata de una falacia muy triste, sino también de una afrenta a la Fantasía. Y toda afrenta a la Fantasía, para mí, es una afrenta personal.

Este es el motivo por el cual decidí escribir un texto que sirviera a la vez como una suerte de discreto homenaje personal a Tolkien y como un artículo que redimiera el vacío interpretativo chileno de su obra desde un punto de vista estrictamente literario, acaso el único realmente relevante. Por supuesto, y parafraseando desvergonzadamente al Profesor, este texto “grew in the telling”; así, de ser una simple columna se convirtió en un ensayo (no académico) de casi 6.000 palabras. Por sugerencia de mis amigos, y en consideración al habitual desinterés de los lectores virtuales de leer un texto relativamente extenso que exponga pensamiento crítico, he optado por dividirlo en dos partes

Por consiguiente, la primera parte de este ensayo se dedicará a demostrar, por un lado, que El Señor de los Anillos jamás tuvo intenciones alegóricas en su concepción por parte del propio Tolkien. Por otro lado, intentaré explicar por qué las lecturas alegóricas de esta historia, si bien legítimas, son completamente irrelevantes e insuficientes en sus aristas más habituales: las sociohistóricas y las religiosas.

La segunda parte de este ensayo se abocará, en primer lugar, a diferenciar dos conceptos que analizó Tolkien y que aun hoy son lamentablemente confundidos al momento de estudiar sus obras: la alegoría y la aplicabilidad. En segundo lugar, me remitiré a aquellos aspectos que en principio Tolkien acuñó como parte de sus estudios sobre los cuentos de hadas, pero que podrían entenderse como parte de una poética literaria para la Fantasía como la reconocemos hoy. En último lugar, a partir de lo anterior, me dedicaré a explicar por qué todos estos factores son importantes para mí tanto como lectora como autora de Fantasía.

De este modo, no queda sino comenzar con aquello que resultó ser uno de mis principales estímulos al momento de decidirme a escribir esto: mi desprecio por la lectura alegórica, sobre todo si se aplica a la Fantasía. Sobre todo si se aplica a Tolkien.

Odiamoss la alegoría, mi preciosso… Sssí, la odiamosss...

Yo odio la alegoría, y eso está bien; es mi lectura personal. Tolkien odia la alegoría también, mira qué coincidencia… ¿Y…? 

¿Por qué sería importante considerar la visión personal del autor en torno a su propia obra? Es cierto que desde el momento en que ésta se escribe y publica ya no le pertenece sólo a quien la ha creado, entregándola libremente a la lectura del público interesado, que no tiene por qué coincidir en el sentido que le pueda asignar. Sin embargo, si consideramos que Tolkien no sólo es un escritor de Fantasía, sino también un académico, y en última instancia un lector sagaz y un autor con un proyecto creador de magnífica envergadura, creo que es conveniente prestarle atención a sus opiniones al respecto.

A continuación expondré algunas citas del propio Tolkien en relación con la alegoría, extraídas de su prólogo a la segunda edición de El Señor de los Anillos. La traducción será personal, así que probablemente quede bastante tiesa; espero, no obstante, que baste para su comprensión:

I should like to say something here with reference to the many opinions or guesses that I have received or have read concerning the motives and meaning of the tale. The prime motive was the desire of a tale-teller to try his hand at a really long story that would hold the attention of readers, amuse them, delight them, and at times maybeexcite them or deeply move them. As a guide I had only my own feelings for what is appealing or moving, (...).

[Me gustaría decir algo aquí sobre las diversas opiniones o suposiciones que he recibido o leído respecto a los motivos y sentidos de la historia [El Señor de los Anillos]. El principal motivo fue el deseo de un narrador de probar su mano en una historia realmente larga que mantuviera la atención de los lectores, sorprendiéndolos, maravillándolos y a veces también entusiasmándolos o conmoviéndolos profundamente. Como referencia conté sólo con mis propios sentimientos respecto a lo que yo consideraba atractivo o conmovedor (…)].

Es decir, todas aquellas interpretaciones que afirman que Tolkien se habría inspirado en el contexto sociohistórico particular que estaba viviendo hacia la escritura de El Señor de los Anillos, no tienen ningún asidero ni sentido. Convengamos en admitir que todo autor, lo quiera o no, está influenciado de alguna forma por el contexto en el que le ha tocado vivir, pero esto no tiene nada que ver con la intención u ocurrencia misma de crear una historia. En pocas palabras, Tolkien mismo jamás se propuso abordar la contingencia sociohistórica a través de El Señor de los Anillos, sino "sólo" aspirar a una de las formas más nobles y paradójicamente más vapuleadas actualmente de la literatura: contar una buena historia.

Alguien podría decir que quizá esto es válido al momento de verse poseído por el furor de inspiración inicial, pero que en el desarrollo, tal vez, Tolkien comenzó a preocuparse por dotar su "inocente" historia de mayor "densidad", entregando lo que se suele identificar graciosamente como "mensaje" literario. Pero nada más lejos de la realidad:

As for any inner meaning or 'message', it has in the intention of the author none. It is neither allegorical nor topical. As the story grew it put down roots (into the past) and threw out unexpected branches (...).

[Y en cuanto a cualquier significado interno o "mensaje", [la historia de El Señor de los Anillos] no tiene intención alguna del autor. No es ni alegórica ni versa sobre lugares comunes. Al crecer la historia, enterró raíces (al pasado) y liberó inesperadas ramificaciones.]

Reitero (subráyese, anótese, archívese): LA HISTORIA DE EL SEÑOR DE LOS ANILLOS NO ES ALEGÓRICA… Al menos no desde el punto de vista de su propio autor al momento de crearla, ni se presta naturalmente a este tipo de interpretaciones. 

Es más: “I cordially dislike allegory in all its manifestations”. [Me desagrada profundamente la alegoría en todas sus expresiones].

Ante el caso del contexto particular que Tolkien tuvo que vivir, principalmente el de la Segunda Guerra Mundial, el Profesor también tuvo algunas palabras que decir. Básicamente, que no existe ninguna relación entre este conflicto bélico y aquel que se sostiene entre Sauron y los habitantes de la Tierra Media, sobre todo porque la concepción de su historia fue anterior al estallido de la guerra.

¿Y qué pasa entonces con todos esos puntos de concomitancia que algunos se han esforzado tanto en exponer para tender un puente entre El Señor de los Anillos y los horrores de la guerra? Tolkien, que ya en su tiempo tuvo que lidiar con varias de esas interpretaciones, se dio el lujo de entregar argumentos de por qué este tipo de lecturas estaría incorrecto, al ser incapaz de sostenerse racionalmente. A grandes rasgos, el autor se basa en el supuesto paralelo entre la Guerra del Anillo y la Segunda Guerra Mundial para plantear la siguiente pregunta: si efectivamente existiera un correlato fidedigno entre ambos conflictos, ¿por qué no se usó el Anillo en contra de Sauron? 

Puesto que si nos atenemos a una lectura íntegramente alegórica, sin duda que el Anillo representaría la bomba atómica, ¿no? Como objeto de poder supremo que determinaría la victoria y derrota entre las facciones enfrentadas, por ejemplo. Y sin embargo, éste jamás se utiliza con esos propósitos. Es cierto que Frodo y Sam se lo calzan en más de una oportunidad, pero ante todo para salvar sus propias vidas y cumplir así con las misión de llevarlo a su destrucción. De hecho, aunque la ocurrencia de usar para fines defensivos al Anillo se presenta en algunos personajes como Boromir, la propuesta es inmediatamente descartada al asumir que se trata de un poder que no debiera ser empleado, ni siquiera por fines motivos bienintencionados. 

El propio Boromir da cuenta de hasta qué punto el efecto indirecto del Anillo puede perjudicar aun a personas de noble espíritu. En cuanto al efecto de aquél en los hobbits, se da a entender que su influencia es tal que prácticamente no es posible desentenderse del todo de ella, como lo demuestra el hecho de que Frodo parta de los Puertos Grises para no retornar más a la Tierra Media.

Las razones anteriores permitirían confirmar que El Señor de los Anillos no tiene nada que ver con la Segunda Guerra Mundial, pero tampoco con algún otro conflicto bélico de nuestro mundo, pues no hay una correspondencia directa de aquellos aspectos que podrían considerarse fundamentales para vincular ambos contextos. Es más: lo que motiva la mayoría de estos son intereses políticos y económicos. En cambio, la pugna contra Sauron tiene más que ver con un enfrentamiento de naturaleza mítica que afecta todas las razas y naciones de la Tierra Media, amenazando, en última instancia, por completo dicho mundo. 

En ese caso, quizá podría plantearse que la obra está más cerca de lo religioso, pero una vez más se encontrarían reparos: ¿dónde estaría Dios o su equivalente divino en esta historia? Pues si leemos a Sauron como el diablo o como entidad maligna/oscura/etc., tendría que existir su contraparte, ¿verdad?

Pues bien, la presencia de Ilúvatar como Creador es conocida ante todo por El Silmarillion, pero en El Señor de los Anillos no tiene un rol explícito. En realidad, son precisamente las criaturas "menores" las que tienen la responsabilidad de proteger su mundo, y curiosamente el peso recae principalmente sobre las mortales (seres humanos, enanos, hobbits).

¿Pero y entonces...? ¿Es que El Señor de los Anillos —y, por extensión, la Fantasía— no tiene asidero alguno a nuestra experiencia real? Por supuesto que no; claro que lo tiene. Es sólo que esta vinculación no se presenta a través de eventos contingentes o enmarcados en determinado periodo sociohistórico de nuestro mundo. ¡Al fin y al cabo, la Fantasía no existe! Sin embargo, justamente por esta razón, ésta va más allá de estas circunstancias particulares y se nutre y florece a partir de nuestra esencia como seres humanos y todos aquellos conflictos, inquietudes y desafíos que, como especie, hemos venido desarrollando sin respuesta absoluta desde nuestro origen, sin importar época, edad, sexo, cultura o cualquier otro condicionante similar.

El Señor de los Anillos no es un correlato de la Segunda Guerra Mundial ni de ninguna otra, reitero, sino una expresión estética de lo que significa que tu mundo esté amenazado por una fuerza de poder inimaginable, que te haga experimentar el límite de lo que significa estar vivo. Todo cuando se dijo, proclamó o firmó en pos de la paz luego de la Primera Guerra Mundial fue una mentira que se reveló alrededor de 30 años después, con el estallido de la Segunda Guerra; todo parece indicar que no estamos demasiado lejos de una Tercera. 

Una obra de pretensiones alegóricas respecto a estos eventos tendría forzosamente que redundar en esta visión pesimista: el ser humano está condenado; aunque existan iniciativas que abogan sinceramente por la paz, son demasiado débiles o reducidas en su alcance como para crear un cambio significativo que nos salve. Ahora bien, ¿se destruye la Tierra Media? ¿Termina El Retorno del Rey con un lloriqueo nihilista ante la insoportable levedad del ser? Por supuesto que no. ¿Se trata su desenlace de un final feliz, en el que todos cantan y bailan y se restablece a la perfección el orden perturbado? Menos aún. Les recuerdo que Frodo asume que ya no podrá volver a la Comarca, sintiéndose desplazado como si ésta ya no le perteneciera, y que, junto a otros, debe partir desde los Puertos Grises rumbo a La Costa Más Lejana, parafraseando estéticamente a Le Guin. 

¿De qué se trata entonces todo esto? En otras palabras, si El Señor de los Anillos, en su magnífica complejidad, desborda y hace insuficiente la lectura alegórica, ¿de qué forma sería más orgánico leerla en tanto obra literaria? ¿Significa algo que sea una obra de Fantasía? ¿Significa algo en términos estéticos? Desde luego que sí. Eso será el eje de la próxima entrada, intentar demostrar críticamente algo que debería ser, casi por dignidad lectora, el principal análisis para cualquier autor de Fantasía, y más aún para Tolkien: el literario.

[Continúa leyendo este ensayo aquí]

Referencias bibliográficas

Tolkien, J. R. R. Foreword to the Second Edition. [Prólogo, 1966]. En The Lord of the Rings. Boston: Houghton Mifflin, 2012.